
Conferencia ofrecida por Zuleica Romay en el contexto de la celebración el pasado 20 de octubre del Día de la Cultura Cubana.
Criticar ha sido una herejía de los últimos lustros en este país, aunque sobre los escenarios se represente la obra idílica de la necesidad de ese ejercicio intelectual.
En las librerías cubanas hace varios años viene ocurriendo algo que pudiéramos catalogar como un suceso editorial: la publicación con carácter sistemático de libros de autoayuda.
El archivo histórico del Instituto de Historia de Cuba (IHC) atesora la colección documental número 10, nombrada Ministerio de Defensa Nacional. Esta representa una mínima parte de la vida administrativa que tuvo la institución, enmarcada entre 1917-1959.
Declaraciones de este escritor a un diario argentino motivan críticas en el sitio web Rebelión por el olvido de realidades de Cuba.
.jpg)
El escritor independiente depende de lo que escribe, y debe conseguir que sus textos satisfagan las aspiraciones de la editorial que los publique.
En el escenario social cubano de los primeros años de la República, el vínculo de la escuela con la comunidad y la familia padeció de un resquebrajamiento notable convirtiéndose en uno de los problemas neurálgicos de la pedagogía cubana de entonces.
La educación ha sido en Cuba asunto trascendental en la formación de los valores culturales de la nación, desde que apenas era esta solo un proyecto.
Aunque la religiosidad se muestra muy temprano en la literatura cubana, hay un período en el cual la narrativa se caracteriza por un «silencio religioso» y otro por el «brote o boom».
Corresponde analizar los eslabones que faltan para lograr una cadena productiva entre autores y el lector, verdadero destinatario de la obra, artífices todos de una auténtica vida literaria.