Editar poesía yo diría que es un arte. Es cierto que no requiere, por parte del editor, de grandes cambios, pero siempre existe la sugerencia sutil, la subyacente opinión en casos determinados.
Diario del ángel (Letras Cubanas, 2007), de Pedro Llanes, es un extraordinario libro de poesía. Pasma que su obra haya nacido en los Ochenta ya bien demarcados, pues lo que ha logrado imponerse como característico de esta década nada tiene que ver con lo que Pedro Llanes es como hombre de nuestra época y como artista verdaderamente singular.
Una poesía de una estremecida autenticidad atraviesa El rostro (Letras Cubanas, 2007), de Roberto Méndez. Su trayectoria poética, ampliamente conocida, ha venido evolucionando poderosamente, en correspondencia con su existencia misma, y hoy el poeta exhibe una maestría incuestionable.
Rito Ramón Aroche es un poeta que explora a fondo la naturaleza de la poesía, trabajando precisamente en sus bordes comunicativos, en sus salientes hacia otros predios de la expresión.
Oscar Cruz obtuvo el Premio David de Poesía 2006 con su cuaderno Los malos inquilinos. Aunque es su primer libro publicado, ya el poeta posee un ejercicio literario acumulado que le permite opinar con madurez sobre diversos tópicos de la actividad poética.
Lo que más me admira en Synergos-entre tanto-es la amplitud de su escala de invocación. El poemario va desde la más humilde latitud del ser cotidiano hasta la más alzada cumbre de la condición humana.