Es aún insuficiente el estudio crítico con una visión abarcadora de la reflexión y la práctica traduccional de José Martí.
La barca “con remos de sol”, de Lisa Fritsch, navega entre los juncos, mientras la poeta viajera aprehende su entorno con vocación pictórica o, tal vez, fotográfica.
A propósito de su próxima presentación en La Habana, en el marco del Premio Casa 2013, y de la segunda edición del coloquio “El traductor y el editor”, en las actividades colaterales de la Feria del Libro, me animo a contar mis experiencias como traductora de la novela La sangre y el mar, del autor haitiano Gary Victor.
Gerardo Fulleda parte de una traducción al castellano de El jardín de los cerezos, de Chejov, como texto de referencia para llegar al autor ruso y, además, proponer —y hacer— una transposición de ese material a un escenario cubano, hasta convertirlo en “El patio de los azahares”.
Con versos sencillos y breves, que a veces recuerdan el haiku, la poetisa, ensayista y escritora de literatura infantil y juvenil alemana Elisabeth Borchers reflexiona serenamente, sin estridencias, sobre la vida, la naturaleza y la legítima aspiración de felicidad de todo ser humano.
La novela Una carta tan larga, de la senegalesa Mariama Bâ, presenta el drama de la desigualdad de la mujer africana. Es una historia de valentía, amistad, dolor y reconstrucción de un mundo personal desmoronado en una sociedad que apenas inicia su camino independiente y oscila entre modernidad y tradición.
La traducción de poesía es como un juego de ecos donde lo dicho en una lengua es repetido en otras lenguas por otras voces. Una piedra lanzada al agua origina incontables círculos concéntricos; una imagen poética va suscitando infinidad de otras imágenes en un proceso interminable, cuyos caminos pueden ser tan raros como sorprendentes.
La memoria acorralada, novela de la escritora haitiana Évelyne Trouillot, es un relato interesante y eficazmente contado, con una dureza que nos hace meditar en la historia y su erosión en el destino de los seres humanos.
Entre las más recientes propuestas de narrativa africana de expresión portuguesa a nuestros lectores, hay muestras muy logradas de un género muy atractivo y aceptado en Cuba: el policiaco. Entre los principales desafíos de sus traductores al español está trasladar la voluntad de los autores, que usan el portugués como instrumento de identidad y caja de resonancia común para creaciones cuyas raíces se extienden por una amplia geografía.
Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935), el poeta que fue varios poetas, y uno de los más grandes de la lengua portuguesa en el siglo XX, dejó tras sí, no solo su propia obra (la de Pessoa ortónimo), sino la de tres heterónimos con sus respectivos estilos, vidas, características poéticas y personales: Alberto Caeiro, Alvaro de Campos y Ricardo Reis. De su libro Quadras e outros cantares, ha sido tomada esta muestra.