Sus incursiones en el campo de la creación alcanzan también al campo de la poesía con sus versos de tendencia negrista. Pero, indudablemente, la mayor contribución de Portuondo a la cultura cubana se produjo desde la Academia, desde el campo de las Humanidades, ese lugar tan denostado a veces por quienes conservan el criterio decimonónico de que el crítico o el estudioso de la literatura no es también un creador.
En los primeros poemas de Domingo Alfonso estaba latente lo que daríamos en llamar el taller de José Ángel Buesa, la fragua donde aquel forjó la obra que de su mentor semeja y difiere.