César López ha querido hacer una enorme crónica para la posteridad, épica de lo cotidiano en la que se entremezclan los héroes reales, reconocidos por la historia, y las personas de una existencia carente de relieves significativos, héroes a su manera en la colosal batalla contra la muerte y por alcanzar el sitio deseado entre los demás.
Los acercamientos que se han hecho a la obra poética de Nicolás Guillén centran su atención con gran frecuencia en su cubanía, esa extraordinaria síntesis de lo español y lo africano que nuestro mayor poeta social logra desde temprano en su trayectoria lírica.
La lectura de El silo: una sinfonía pastoral (1995) [The Silo: A Pastoral Symphony], de John Kinsella, es una experiencia inolvidable por la fuerza de su paisaje y la intensidad de su discurso, de una inusual energía en la poesía contemporánea.
Con una ya dilatada y significativa obra poética de alrededor de veinte años y cerca de diez títulos, Sigfredo Ariel ve aparecer por Ediciones Unión (2006) su poemario Born in Santa Clara, merecedor del Premio UNEAC de Poesía Julián del Casal en el año 2005.
Cuando leemos las más representativas páginas de importantes creadores de la lírica de nuestros días, comprobamos que predomina en ellas la construcción de fragmentos, la ruptura de lo que podríamos llamar la integridad de un sentido orgánico del suceder y del ser hasta convertir el poema en una suma en apariencia incoherente, desordenada, caótica. Esa es la percepción que nos queda de la lectura de esta antología de la poetisa Friederike Mayröcker.
Este cuaderno de Rito Ramón Aroche nos entrega otra visión de la realidad, absolutamente ajena a todo lirismo y a los diferentes modos del discurso literario canónico.
Reaparece la obra poética de Eliseo Diego en un voluminoso tomo, preciosa suma de páginas de una poesía del más alto linaje, heredera de la mejor tradición de nuestro idioma y representante de uno de los tres o cuatro más grandes momentos de la historia del género en la literatura cubana.
Este poemario de Rodríguez Entenza viene a confirmar lo que otros títulos, incluidos los de este propio autor, nos han dicho antes y después: que la poesía cubana de los últimos veinte años posee calidades que la sitúan entre las más altas de la lengua.
Esta antología de textos de siete poetisas cubanas de finales del siglo XIX viene a sumarse a otras que a lo largo de los años han entregado al público lector las inquietudes, preocupaciones, estilos y, en general, el mundo interior de estas y otras representantes de la poesía cubana de ese período, el de los años de transición del romanticismo al modernismo en las letras hispanoamericanas.
La primera impresión que recibimos al leer este libro es de agobio por la sobreabundancia del mundo al que el autor hace continuamente referencia. Pero no se trata de un agobio que llegue a desestructurar nuestras percepciones y valoraciones de lo que leemos, sino del agobio de todos los días, aquel en el que las civilizaciones modernas en los grandes países desarrollados nos sumergen cuando nos relacionamos los unos con los otros o cuando simplemente salimos a la calle.