Luego de la temprana desaparición de Enrique Díaz Quesada, el «Padre de la Cinematografía Nacional» en 1923, y las primeras incursiones de otro pionero, Ramón Peón, tras las cámaras, en Cuba proseguían los intentos por realizar un cine nacional, en el cual el sonido era aún inimaginable.

«Nada me gustaría tanto como ayudar a hacer la primera gran película cubana», es una frase que corresponde a una carta enviada al escritor José Antonio Portuondo por el escritor gallego Lino Novás Calvo (1905-1983)
Presentación especial de Cecilia (1982) de Humberto Solás, en el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Presentación especial de Cecilia (1982) de Humberto Solás, en el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
La ductilidad del cineasta manchego Miguel Morayta, para abordar géneros diversos fue seguramente un punto a su favor para acometer la versión para el cine de «Morir para vivir», uno de los más tremebundos novelones surgidos de la febril imaginación de Félix B. Caignet.
Que Juan de los muertos (2011), esa exitosa comedia dirigida por Alejandro Burgués en que una invasión de muertos vivientes asola la capital cubana es la primera película cubana de zombies, es un error reiterado en numerosas informaciones, reseñas y críticas.
Desde los primeros días de 1952, proclamado como el «Año del cincuentenario de la República», con la consigna promovida por Bohemia: «Cuba, primero. Cuba, después. Cuba, siempre», existía, en el sector cinematográfico, el ánimo de que el periodo fuese considerado como «el año del cine cubano».
La devuelta y el arriero es el título del audiovisual que la narradora y realizadora Consuelo Ramírez Enríquez llevara a la pantalla grande del capitalino multicine Infanta.
Promoviendo libros dedicados al séptimo arte.