El invierno vuelve a esta ciudad y parece que la poesía es el mejor alimento para sostener la estación.
El tiempo puede imponer otras patrias, pero la soledad siempre se lleva en esos libros que leemos y volvemos a leer.
En esa búsqueda se renueva la imagen y el poema pórtico se abre una y otra vez en dimensiones personales...
Son aguas estas para adentrarse como si fuera una razón heracliteana de que nadie podrá bañarse dos veces en las mismas aguas de un río.
Es imposible renunciar a las lecturas pues es el modo de obviar el duro invierno en el que resido.
En ese modo de fisgonear el entorno, su realidad, pudiera estar la tesis de esta poética que juega desde lo citadino para denunciar sus presagios.
Ciertamente Pinocho es la historia del deseo, de la satisfacción gustosa del que vuelve a lo inicial después de morar en otros exteriores.
Grato me resulta recibir su libro Brizna de la memoria.
Es imposible renunciar a las lecturas pues es el modo de obviar el duro invierno en el que resido.