El Sábado del Libro fue sorprendido por Ricardo Alarcón de Quesada, Doctor en Filosofía y Letras, escritor y dirigente político cubano, nominado presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en varias ocasiones, a partir de 1993.
Por esas cosas que a veces no tienen mucha explicación, fue un gallego, un coruñés para mayor exactitud, quien se dio a la tarea de reunir en tres series lo que tituló Tradiciones cubanas, aparecidas en 1911, 1915 y 1917, respectivamente, y reunidas y prologadas en un solo volumen, en 1983, por Salvador Bueno bajo el título de Tradiciones completas.
El 3 de enero me ocurrió un hecho, no un gran hecho por supuesto, que me provocó una extraña sensación. ¿Fue una casualidad lo sucedido?
La principeña Domitila García de Coronado (1847-1937) se inició en el periodismo como ayudante de su padre, en Manzanillo, ciudad a la que se trasladó la familia durante breve tiempo.
El 6 de julio de 1812 nació en La Habana Antonio Bachiller y Morales, a quien José Martí llamó «americano apasionado» y a quien se le atribuyen seudónimos que ayudan a definirlo en el amplio perfil de su trayectoria cultural: El Bibliómano, El crítico parlero o Un ojeador de libros.
El 22 de enero de 1869 la señorita Mercedes Matamoros, joven de dieciocho años con aspiraciones de ser poetisa —había publicado algunas en periódicos y revistas—, obtuvo permiso de su padre para asistir a la función en el Teatro Villanueva, donde se representaría la pieza «Perro huevero aunque le quemen el hocico», de Juan Francisco Valero.
A lo largo de los siglos la pasión amorosa ha sido expresada por las mujeres de manera muy diversa. La poetisa cubana Nieves Xenes (1859-1915) tuvo una peculiar manera de hacerlo.
La figura del escritor Pedro Santacilia y Palacios (Santiago de Cuba, 1826-Ciudad de México, 1910) es una de las no pocas que han servido para hermanar a Cuba y a México.
Me he apropiado del título dado por Carlos Espinosa Domínguez a su excelente libro Virgilio Piñera en persona (Estados Unidos, 2003), cuya segunda edición acaba de aparecer en Cuba.
La obra de Tristán de Jesús Medina aún espera estudios y descubrimientos, aunque a él se hayan acercado figuras como Nicolás Heredia, José Manuel Carbonell, Manuel Sanguily y en fecha reciente el especialista Jorge Ferrer, que dio a la luz Tristán de Jesús Medina, retrato de apóstata con fondo canónico.