
Toda cultura ha tenido gran parte de su origen no solo en la utilización del fuego para la cocción, sino también en las secretas influencias de los hábitos y estilos de alimentación, que difunden, vigorizan y refuerzan ciertos patrones culturales, convicciones étnicas y visiones del mundo.
Existen en Cuba diversas líneas de pensamiento religiosas afrodescendientes con una larga tradición...
Desde el sitial de ejecución de los primeros areítos aborígenes en La Mayor de las Antillas, hasta la capilla de la Iglesia, cuyos elementos se fundieron con los altares y deidades de trasplantadas veneraciones afrodescendientes, los cubanos hemos tenido siempre un área especial, precisa y bien definida para sacralizar nuestra fe...
Desde su descubrimiento, hace más de cinco mil años antes de nuestra era, junto al hipnótico misterio de la llama y el papel que jugara en el salto cultural de la raza humana, el fuego se configuró en elemento sagrado.
La sanación por la fe posee remotos antecedentes, muchos de ellos registrados en antiguos textos religiosos de las más añejas y universales creencias.
El elemento aire, al cual también se le nombra “viento” en muchas tradiciones universales, está asociado a las emociones y los pensamientos; con el soplo primario, la respiración y, a través de esta, vinculado al principio de la vida, así como al alma.
De los cuatro elementos universales es tierra la que sintetiza, congrega y representa al reino mineral en la naturaleza.
Para cierta parte de la población cubana, existen peculiares unidades de medida, no reconocidas por la ciencia, ni recogidas en normativas de institución metrológica alguna.