Hubo una etapa de la historia de Cuba, durante la cual determinados personajes fuera de la ley, alcanzaron una peculiar notoriedad en diversas regiones del territorio. Considerados delincuentes por unos y devenidos en una especie de “vengadores justicieros” por otros, pasaron la frontera de la historicidad, para ser recordados como leyenda.

Durante siglos, los gemelos han sido reverenciados en todas las épocas y regiones del mundo. Algunas veces con admiración y respeto, otras con benevolencia y simpatía, aunque no en pocas ocasiones, con cierta inquietud, sobresalto y temor, ante sus pretendidos poderes mágicos.
Hasta poco tiempo atrás, en diversas regiones rurales de Cuba existieron abundantes y extendidas creencias de brujas. Volaban en escobas de palmiche con la luna de fondo, en las noches de cuarto menguante, pero muy lejos estaban de parecerse a aquellas viejas de los cuentos europeos, con rostros arrugados, narices ganchudas y verrugas.
La caverna fue clásico refugio de los primeros humanos. Varios de los grupos humanos que habitaban en el archipiélago cubano antes de la llegada de los colonizadores españoles acostumbraban a realizar enterramientos funerarios en cavernas y sus mitos estuvieron también muy ligados a éstas.