En la poesía de Fermín Carlos Díaz hay una enorme sinceridad.
Así, regresada de sí misma, llega Milagros González: poeta de lo cotidiano y lo trascendente.
El poeta vive en una isla, y se siente isla.
La familia, su isla natal, la muerte, el paisaje, el amor, la celebración de la mujer, son sus temas recurrentes.
Delfín Prats defiende las utopías.
Y junto a ella echa a andar el corazón de su próximo poema.
La poesía es líquida, y como tal, escurridiza y cambiante, y se ajusta, una vez atrapada, al molde que la contiene.
Nada elude este poeta, porque todo puede ser cantado y contado.
"...apostamos por la poesía como la única manera posible para ser y estar en el mundo, y como la mejor justificación de la existencia".
Hay en sus versos un tambor lejano que repica con invisible ritmo, pero con una fuerza que hace imposible dejar de acudir a su llamado.