Nuestro ómnibus, al que todos, o casi todos llamamos “guagua”, ha sido tema muy socorrido en cuentos y artículos de nuestro humor literario.
Joaquín Lorenzo Luaces (1826-1867) fue una de las figuras más relevantes de la literatura cubana del siglo XIX. Hijo de una familia pudiente, pudo dedicarse a estudiar y a escribir.
Eduardo Robreño Deupy, nacido en La Habana, en 1911, recorrió durante su fructífera vida intelectual muchos caminos: asesor teatral, investigador musical, abogado, profesor, periodista, conversador ameno. Publicó en diarios y revistas y luego recopiló en libros, resaltando lo anecdótico, lo visto y oído en su tránsito por las calles de la capital.
Nos referiremos en el artículo a técnicas empleadas por estos dos conocidos autores cubanos en sus textos humorísticos. Quizás pueda ser de utilidad didáctica la comparación de los escritos de ambos, donde juegan con las palabras como juegan los niños con las bolas o canicas; y comprobar, además, que hay muchos caminos que conducen a Roma.
Escribir humor para los niños no es igual que hacerlo para los adultos. El producto terminado debe ser más sano, simple, pueril… ¡Pero es más difícil concebirlo! Especialmente si es en verso
Nicolás Guillén ( Camagüey, 1902 ) inició su labor poética en 1930 con Motivos de son. Publicó al año siguiente Sóngoro Cosongo, y luego desplegó su creatividad en una obra poética de mucha trascendencia que se materializaría en unos cuantos títulos, entre los que se encuentran El gran zoo, West Indies Ltd. y El diario que a diario.
Querido lector o lectora: lo que leerá a continuación es un texto donde me referiré a algunas variantes de la poesía humorística cubana. Se trata de composiciones en verso de diversas formas (décimas, redondillas, sonetos, de versificación libre, etc.), obras de escritores cubanos, sobre humor o no; de quienes a veces, hasta se desconoce su veta literaria.
Las primeras nociones que se tienen de la décima en Cuba se remontan a las aparecidas en publicaciones periódicas del siglo XVIII y, desde sus albores, se distinguió Fray José Rodríguez Ucres (Padre Capacho), por su gracia, que nos caracterizaría hasta nuestros días, reconocible cada vez que aparece en nuestras décimas o espinelas y que a falta de un nombre en nuestra lengua materna para definirlo como se merece, yo propondría llamarlo «humor decimal» y colocarlo en un peldaño alto de nuestro humorismo.
Hay en la vida de un creador, obras que por razones diversas, elno consideró conveniente divulgar en su oportunidad, y permanecieron mucho tiempo sin darse a la publicidad, pero, convencido el autor de lo positivo de hacerlo, sorprende agradablemente a quienes las disfrutan. Tal es el caso de los textos humorísticos de José Zacarías Tallet, nacido en Matanzas en 1893 y fallecido en La Habana, 96 años más tarde.
A Jesús Orta Ruiz, «El Indio Naborí», tuve la oportunidad —qué digo “oportunidad”, ¡el privilegio!— de tratarlo personalmente. No todos los días se puede tener acceso a una persona tan sencilla y modesta, acreedora de tan destacada obra intelectual.