¿Es posible que se escriba ciencia-ficción en una nación agrícola monoproductora? ¿En un país del tercer mundo, cuyo desarrollo tecnológico y científico se ha visto sometido a durísimas pruebas? ¿Ciencia-ficción en una islita del Caribe, cuya economía ha sido obligada a funcionar casi bajo un estado de guerra al que se le llama eufemísticamente período especial?