La traducción de la por tantos años olvidada crítica “Safo”, dedicada por Pablo Lafargue a la novela homónima de Alfonso Daudet, ilustra convenientemente el estilo expositivo y analítico del autor cubano.
Estas reflexiones no versan directamente sobre las luchas revolucionarias de Pablo Lafargue; se orientan a su labor como traductor y crítico literario, una faceta de su quehacer que, hasta hoy, ha pasado totalmente inadvertida en nuestro país.
Con Apenas una rosa, antología poética de Cecília Meireles que acaba de publicar Arte y Literatura, hemos procurado acercar “un instrumento afinadísimo para revelarnos la más evanescente y precisa de las músicas” al lector de habla hispana.
Hilda Hilst, una de las grandes poetisas brasileñas del siglo XX, escribió durante casi medio siglo y mereció los más importantes premios literarios de su país. Dejó una vasta obra en la que sobresale su poesía, de intenso y delicado erotismo.
Para terminar esta breve serie en homenaje al centenario de Aimé Césaire, he querido ofrecer algunas traducciones mías de otros poemas de su autoría.
Algunas apreciaciones sobre «Cahier d’un retour au pays natal» y las traducciones del poema al español.
Aimé Césaire y su traductora Lydia Cabrera: dos formas de asumir lo antillano. A propósito de la primera versión en español del admirable poema «Cahier d’un retour au pays natal».
Con la omisión del crédito de traducción, por obra y desaguisado de no se sabe quiénes, surgen las versiones “fantasmas” que, en tanto intrigan al lector culto, pueden suscitar en los principiantes la falsa idea de que el trabajo del traductor no tiene valor suficiente como para ser mencionado.
Max Bolliger es uno de los más exitosos autores de literatura para niños y jóvenes en Suiza. Tiene publicados más de cincuenta libros, traducidos a veinte idiomas. Por la obra literaria de toda su vida, en 2005 recibió el Gran Premio de la Academia Alemana de Literatura Infantil y Juvenil.
Martí señalaba que traducir era transpensar; mas, cuando el autor de su original pensaba, traducir era, además, impensar, pensar como el autor.