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La poesía de Margarita Lozano Parrilla se vierte en la página como una sacudida que adquiere fluidez al ser leída.
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La poesía de Racso Pérez Morejón está hecha de impulsos vivos, de síncopas limpias en la marcha por conquistar el sueño.
La poesía de Reina Esperanza Cruz Hernández es el testimonio de una vida que ha visto muchos sueños desnucarse frente al viento.

La poesía de Zoraya Manso Morales nace de las mismas entrañas: es un examen implacable realizado por la persona dentro de sí misma. La veracidad de lo que se plasma está fuera de duda, y la necesidad de plasmarlo de igual modo.
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La poesía de Juan Salvador Guevara es la expresión directa de un espíritu...
La poesía de Pedro López Cerviño surge desde la entraña misma de lo humano: lo mueven los asuntos de la condición moral de nuestra especie, pero no con declaraciones altisonantes, sino con la gracia y el ingenio de sus imágenes, de una apasionada plasticidad, descarnada y fluida, que logra en la palabra su asunción mayor
La poesía de Thais Guillén Otero germina de su circunstancia: aspira a dar testimonio, más que a esculpir una crónica. Es por ello que no describe, sino muestra actitudes. Al señalar a su ambiente, escoge la vivencia de mayor perennidad, lo que el ser humano teje en su silencio o en su inalienable condición.
Es curioso en la poeta la forma en que se mueve el pensamiento dentro de su discurso. Es el frente y su doble, y el imán de su opuesto. Y llega a ser guerrera contra el despojo de un mundo espiritual que es telúricamente físico.
La poesía de Amelia Biart Alfonso narra su fricción con el mundo, su entrada en la vivencia desde el espíritu que recuerda, la urgencia de levantar en el corazón un horizonte de más alta convivencia.
La poesía de Sama es hija incondicional de la experiencia. Nace de las vertientes carnales de la vivencia, de las laderas azules del sueño, de las mecánicas palpitantes de la sangre y del viento aturbonado de la época que nos ha tocado vivir.