De los cuatro elementos de la naturaleza, su vinculación con el imaginario colectivo y la religiosidad popular, estaremos comentando en una presentación de cuatro artículos, el primero de ellos, dedicado al elemento agua.
Como una especie en peligro de extinción, durante muchos años los típicos pregones de vendedores callejeros casi desaparecieron del paisaje resonante de La Habana...
Detrás de la atmósfera de misterio con la que muchos pueblos del mundo caracterizan los fenómenos relacionados con la muerte, se esconden ancestrales creencias.
A continuación intentamos presentar una selección no representativa, abrupta, arriesgada y siempre trunca e incompleta, que brinda una idea del cómo y el por qué llegaron no pocas de ellas a ser estas sublimes transgresoras admiradas en el recuerdo público.
Mujeres espectrales que gritan y lloran sus aflicciones en la oscuridad de la noche, tuvieron su apogeo entre las narraciones misteriosas de la campiña cubana, hasta poco más allá de mediados del siglo XX.
Como en su tiempo tuvimos mujeres santificadas y bendecidas*, quienes dejaron sus huellas en la memoria del imaginario popular cubano, hemos tenido también ciertas damas que, para su desgracia fueron, de una u otra forma, embrujadas, maldecidas y hasta endemoniadas.
Sobre mujeres veneradas, capaces de conceder deseos.
De todas las criaturas fantásticas del monte cubano, hay tres que se han ganado el récord de permanencia en nuestra memoria folclórica: Chicherecúes, babujales, y güijes.
Los más insospechados contenidos simbólicos, mostrados en vivo a través de ciertas “revelaciones”, encontradas en los rincones del imaginario popular cubano.
La definición del vocablo “rufián”, tal como lo describe el Diccionario Ilustrado Aristos de la Lengua Española, refiere: “Hombre sin honor, perverso, despreciable”.
