Este magnífico poemario de Michel Trujillo González obtuvo en 2005 el Premio David de Poesía en el concurso que convoca la Unión de Escritores y Artistas de Cuba para jóvenes creadores. Obra de principiante, posee no obstante una singular calidad en su elaboración de un mito que nos permite el intento de reconstruir la realidad, vista ahora en las secretas urdimbres de un tiempo fabuloso y sin los pormenores de la cotidianidad ni de los acontecimientos intrascendentes que en ocasiones la poesía quiere elevar a un rango imposible.
Otras piedras talladas en silencio: nuevo poemario (Ediciones Unión, 2006) de Rodríguez Entenza (Sancti Spiritus, 1963), autor de una obra poética que ya cuenta con algunos títulos de indudable calidad, viene a evidenciar la extraordinaria diversidad de la poesía cubana contemporánea y su significativa riqueza.
Este nuevo poemario (Ediciones Unión, 2006) de Riverón Rojas (Zulueta, Las Villas, 1949) nos propone una lectura diferente, otra manera de mirar y de sentir, escritura de un metaforismo que nada tiene que ver con las maneras tan frecuentes en la poesía cubana de hoy.
En este breve cuaderno de Jesús David Curbelo (Camagüey, 1965) se evidencia la diversidad de su obra poética, ahora caracterizada por una ejemplar economía de medios y una mesura que contrastan con otros momentos de su quehacer, de escritura sobreabundante y múltiples cuestionamientos. Estos textos que ahora comentamos no son ejercicios de aprendizaje ni de pretendidas posturas vanguardistas, sino lecciones lentamente aprendidas en el decursar de los años.
En una reciente compilación de sus poemas, Éxodo (La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2004), Jesús David Curbelo (Camagüey, 1965), de una trayectoria relativamente extensa como poeta, narrador, ensayista, traductor y editor, reúne tres cuadernos: Lamentaciones, Cirios y Parques, independientes en su estilo, en la concepción misma del poema, pero sustancialmente entrelazados por sus preocupaciones, inquietudes y búsquedas.
En octubre de 1931 salió de la Imprenta Ucar-García, en La Habana, un cuaderno —el segundo de un joven poeta nombrado Nicolás Guillén— que ahora cumple sus primeros tres cuartos de siglo: Sóngoro Cosongo.
“Che comandante” es un poema extenso, de sesenta y ocho versos amétricos de rima libre, cuya medida oscila entre tres y veintiuna sílabas. Están distribuidos en cinco estrofas de diferente extensión, con 13, 17, 11, 14 y 12 versos, respectivamente. Esa libertad métrica y estrófica esconde, sin embargo, regularidades...
“Che comandante” es la primera de las tres elegías que Nicolás Guillén dedicó a la muerte del Che, y se inscribe en una tradición que por supuesto excede la obra de Guillén y la propia literatura cubana, para remontarse en lo más profundo de la lírica española.