Jesús Cos Causse vivió orgulloso de su ciudad natal, Santiago de Cuba, como lo están los santiagueros de este hijo ilustre. Un sentimiento biunívoco, entrañable y que se tejió con el diario intercambio que nutrió la obra del poeta y dotó a la ciudad de uno de sus autores.
En el contexto del décimo aniversario del Portal de la Literatura Cubana, me agradaría evocar la memoria de la doctora Vicentina Antuña Tavío (1909-1993), insigne intelectual cubana, cuya proverbial sapiencia, unida a la sencillez y la humildad (rasgos esenciales de su carismática personalidad), dejara una huella indeleble en la docencia superior y en la cultura insulares… de todas las épocas y todos los tiempos.
Conocí al reconocido musicólogo Helio Orovio. Excelente persona, siempre dispuesto a colaborar. Era todo un caballero de la cultura.
Mi propósito será mitigar ese vacío en la exégesis de la obra escrita cespediana. Otros, con toda seguridad, la enriquecerán en su momento.
El narrador Rafael Soler Martínez vivió treinta años. José Soler Puig, su padre, era ya un escritor famoso.
Habanero y poco conocido hoy día, Pablo Hernández murió el 19 de septiembre de 1919, fecha desde la cual han transcurrido nueve décadas y que nos sirve de pretexto para evocar al poeta, que Max Henríquez Ureña —crítico exigente— definió como “un romántico retardado”.
Que es un destino la forma, que es un fruto la forma, ya lo sabemos. Qué pensar cuando se funden el rezo, la nota biográfica, el poema, la estricta memoria, el verso de otro que acompaña mi suerte y mi inspiración. De los cuerpos que crean su propia cáscara, y luego como un reto inevitable la arrancan, se la comen. Semejante reflexión la produce Secadero, el último libro de Soleida Ríos.
Hasta hace poco, nada sabía sobre la existencia de mi tía Adela Escartín, primera dama del teatro en Cuba y España, recientemente fallecida en Madrid.
Declaro mi predilección por asumir, en estos apuntes la vida y la obra de los escritores de los siglos XVIII y XIX, cuando solo unos pocos elegían el camino de las letras y, sin saberlo, abrían un sendero, que desemboca en nuestros días.