
(...) pese a la argamasa y la arcilla, este es un texto disfrutable y perfectible, que arroja preguntas —más interesantes que las respuestas.

Este es, prácticamente, un relato donde importa más el cuestionamiento que la respuesta a la pregunta.
"Una vieja ventolera" es, contrario a lo que su título propone, el aire joven de una literatura que, en un mismo corpus, unifica tradición y modernidad.

El influjo de Tanizaki es tan fuerte, su presencia es tan viva en el tejido textual de Anna Castillo, que la advertencia no puede ser soslayada.
Es un viaje a través de las variaciones de un bailarín que dispone su cuerpo para el ascenso y la caída, para la victoria y la derrota, para el pasado y el presente.

Existe una pecera vacía. Una pecera habitada pero vacía, llena de costras y recuerdos.

Hay espectros del pasado que acechan. Espectros que asumen la forma de la enredadera (un símbolo vivo que crece, una y otra vez, y penetra, una y otra vez, en las ventanas y la vida del personaje centro).

De eso se trata: del testimonio, de mantener el libro abierto y la página escrita, no en blanco.
El cuento es una racionalización literaria de la gula, especie de metáfora literaria constituida sobre la idea del pecado capital.
Este texto, segundo premio del III Certamen Internacional de Relatos Cortos sobre discapacidad, es la historia, también, de una nueva Ítaca.
