En 2001 se publicó nuevamente, en edición crítica, la Poesía completa de José Martí en dos volúmenes, por la Editorial Letras Cubanas. Está precedida por una "Nota editorial", con fecha de enero de 1981, obviamente escrita para la primera edición, de 1985, firmada por Cintio Vitier, Fina García Marruz y Emilio de Armas, entonces investigadores del Centro de Estudios Martianos.
Los estados crepusculares (2002), de Antonio Armenteros (La Habana, 1963), es un libro de rupturas que nos entrega otro discurso, otra manera de ver y de construir el suceder, desentendido el poeta de los estilos de la poesía cubana precedente.
A fines del año pasado salió de los talleres de impresión un libro singular de la poesía cubana: El ciruelo de Yuan Pei Fu. Poemas chinos (La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001), de Regino Pedroso. La primera edición data de 1955. Volvió a aparecer en Obra poética del autor, en la Colección "Letras Cubanas" de la Editorial Arte y Literatura en 1975. En la más reciente edición cuenta con las ilustraciones de Jorge Rigol y con un prólogo de Juan Nicolás Padrón Barquín titulado "Palabras de un parroquiano a la entrada del tercer milenio", atendible presentación en la que se muestran algunos de los rasgos caracterizadores del libro.
Con su más reciente libro, As de triunfo (La Habana, Ediciones UNIÓN, 2001), Alessandra Molina (La Habana, 1968) enriquece la poesía cubana de una manera diferente, manera muy suya de mirar y de relacionar los elementos obsesivos de la realidad, los recuerdos y las vivencias de la infancia.
La lectura de No buscan reflejarse (Prólogo de Jorge Luis Arcos. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001), antología de José Kozer (1940), poeta cubano nacido en La Habana y emigrado, con su familia, en 1960, me trajo dos experiencias inolvidables: una deliciosa impresión de caos irrefrenable y la extraordinaria riqueza de un mundo inagotable de recuerdos y asociaciones que tenían la capacidad de iluminarme mis propios diálogos de niño y adolescente con la realidad.
Durante casi treinta años, la obra poética de Waldo Leyva (Santiago de Cuba, 1943) se ha venido enriqueciendo con numerosos títulos: De la ciudad y los héroes (1974), Desde el este de Angola (1976), Con mucha piel de gente (1983), El polvo de los caminos (1984), Diálogo de uno (1990), El rasguño en la piedra (1995). Ahora nos entrega una antología de esos poemarios, a los que se añade Memoria del porvenir, con textos de 1996-1997, y un grupo de páginas inéditas, un libro al que tituló La distancia y el tiempo (La Habana, Ediciones UNIÓN, 2002, Colección Contemporáneos) y que ordenó en orden inverso al de aparición de cada agrupamiento. Con el nombre El dardo y la manzana fue dada a conocer otra "versión de esta antología" en Ediciones Sin Nombre y Ediciones Casa Juan Pablos, S.A., México, D.F., 2000.
La reedición de El mar y la montaña, de Regino Boti, su más importante y perdurable poemario, publicado por primera vez en 1921, me ha traído la grata experiencia de volver sobre sus páginas.
La poesía de Alex Pausides (Manzanillo, 1950) nos lleva a la intemperie, al viaje sin destino pensado, a una ilusoria búsqueda imprecisa. Ciertamente, su cuaderno Habitante del viento (México, Universidad Autónoma del Estado de México UAEM. Editorial La Tinta del Alcatraz, 2001), de incuestionable calidad por su escritura cuidada y el sobrio sentido de la forma, es un canto luminoso que nos revela los íntimos espacios y las dilatadas experiencias posibles, las experiencias de la vida, la muerte y la desolación, y las preguntas que no tienen respuesta o que no estamos en condiciones de responder porque forman parte de lo desconocido.
El libro Cabezas, de Pedro Luis Marqués de Armas, ganador del más reciente Premio de Poesía del Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, es un magnífico ejemplo de la extraordinaria calidad de la poesía cubana actual. Escritura otra, de ruptura con el discurso lírico tradicional y en busca de lecturas diferentes del paisaje, de la Historia, de los dramas y angustias de la cotidianidad.
Con su poemario inédito Del animal desconocido obtuvo Jorge Luis Arcos (La Habana, 1956) el Premio Internacional Casa de Teatro, de República Dominicana, en su edición de 2002.