Cada año se celebra la Jornada de la Cultura Cubana. Si buscamos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, sorprende descubrir que la acepción más cercana a nuestro uso del término es «camino o viaje». Este es, en efecto, el sentido en que podemos usarlo para nuestra anual evocación de valores culturales de la nación. Porque, en efecto, no es sino una travesía por los entresijos de la cultura que nos resultan más válidos. No siempre se vincula con hechos estrictamente cubanos: se trata de recorrer de nuevo etapas que marcan el crecimiento de la nación.
Usualmente la jornada se dedica a más de un factor, movimiento o personalidad. Uno de los hitos a evocar en el 2022 no es estrictamente cubano: conmemoramos los 55 años de la canción protesta, de fuerte orientación política, libertaria y de defensa de los oprimidos. Tuvo como precursor una figura extraordinaria, el sindicalista de origen sueco, llamado Joel Emmanuel Hägglund, pero conocido universalmente como Joe Hill, luchador por los derechos obreros en la sociedad norteamericana entre fines del siglo XIX y principios del XX. Se afilió muy temprano al Industrial Workers of the World (IWW), uno de los sindicatos más famosos de la historia de los movimientos obreros en Estados Unidos. Fue el primero en utilizar la canción como modo de expresar los reclamos y derechos de los obreros. Hill dejó una gallarda herencia, incluso después de que, en un juicio amañado, resultó acusado de asesinado y fusilado.
En 1967 se reunió en la Casa de las Américas, en La Habana, un grupo de intelectuales y artistas, y se realizó así el Primer Encuentro de la Canción Protesta, para retomar la canción como arma de lucha contra la guerra en Vietnam, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos (en buena medida marcada por la figura de Martin Luther King) la discriminación racial, y a favor de la música popular con carácter social y el folclor. La canción protesta produjo nombres tan brillantes como Bob Dylan, Joan Baez, Pete Seeger, Woody Guthrie, Leadbelly, Barbara Dane o Malvina Reynolds. La canción protesta tuvo un impacto enorme en otras culturas, y en particular en el mundo latinoamericano, donde el nuevo modo de cantar dio lugar nada menos que a la Nueva canción latinoamericana, y tuvo como cultores verdaderos genios artísticos como Violeta Parra, Víctor Jara, Alfredo Zitarrosa, Aníbal Sampayo, Numa Moraes, Los Olimareños, Atahualpa Yupanqui, Alí Primera, Mercedes Sosa, César Isella o SilvioRodríguez, por citar algunos. También en Francia tuvo una repercusión notable, con Edith Piaf, Georges Brassens y Jacques Brel, entre otros. La canción protesta fue cualquier cosa menos ingenua: incluyó la investigación, un duro trabajo poético con las letras, remodelación del folclor musical, de modo que rebasó lo estrictamente melódico para extenderse a toda la cultura progresista del mundo.
El Primer Encuentro de la Canción Protesta en 1967 fue liderado por Haydée Santamaría y sentó las bases de una nueva canción; su realización coincidió con la fundación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Al mismo tiempo, el presente año coincide con los cincuenta años de la fundación del Movimiento de la Nueva Trova, encabezado por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú y otros: es innecesario destacar aquí cuánto ha dejado para la cultura nacional ese grupo de soñadores de hace medio siglo. El alma de aquel Encuentro de la Canción Protesta y quien apoyó con fuerza el Movimiento de la Nueva Trova, fue precisamente Haydée Santamaría, cuyo centenario se conmemora en este 2022 y que fue, sin duda, el cabal motor impulsor de la Casa de las Américas. Sí, esta Jornada está llena de especialísimos aniversarios. Hace sesenta años se fundó la Enseñanza Artística en Cuba, que fue no solo el origen formativo de buena parte de los artistas nacionales, sino también un experimento osado, novedoso y transformador en su tiempo, que habría de convertirse muy pronto en algo más que una escuela para ser una institución cultural señera del país. Varios artistas ya fallecidos tienen este año un aniversario, entre ellos el popularísimo Indio Naborí y la inolvidable Carilda Oliver. Tanto como ellos, nos tocan de cerca dos de los más grandes nombres de la cultura insular y aun latinoamericana: Nicolás Guillén, el camagüeyano universal que transformó la poesía cubana cuando parecía languidecer luego de las dos primeras décadas del siglo XX, grande por haber pulsado los más importantes estilos de la poesía en castellano de toda la centuria pasada. Hablar de él, es adentrarse por esta ciudad que amó tanto. Con él, y no menos importante, conmemoramos el 120mo. aniversario de Marcelo Pogolotti, el único pintor cubano que firmó un manifiesto europeo que daba paso a un nuevo modo de hacer; intelectual completo y cabal, tuvo como gran tema de su pintura al ser humano y, sobre todo, al obrero sometido a la explotación del nuevo industrialismo. Tal vez el único gran teórico de las artes plásticas en Cuba, sus estudios sobre el Barroco se consideran fundadores. Novelista y cuentista, dramaturgo, periodista, crítico e historiador del arte, fue en mi opinión el más completo de nuestros intelectuales por su inmensa cultura, su compromiso con las causas más nobles y, sobre todo, su indoblegable sentido de la ética.
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Con información del periódico Adelante
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