
Manuel de la Cruz, conocido como «el mambí de la pluma», es el autor de un libro que conmocionó la manigua y aún hoy estremece al lector: Episodios de la Revolución cubana, «redactados sobre auténticos datos de actores y abonadísimos testigos, utilizando además, las noticias depuradas de la tradición oral»,en las propias palabras de Manuel de la Cruz. De este libro conmovedor, dígase sublime, José Martí escribió: «¿Cómo empezaré a decirle el cariño, la agitación, la reverencia, el júbilo, con que leí de una vez, por sobre todo lo que tenía entonces entre manos, sus Episodios de la Revolución de Cuba?».
Fue este su primer libro, al cual sucedió otro, Cromitos cubanos, colección de semblanzas de personalidades del intelecto trazadas con pincel de artista. Uno y otro libro prestaron meritísimo servicio a la causa libertadora. De la Cruz colaboró también en Patria, el periódico fundado por José Martí.
No se tome como una broma cuando afirmamos que al escritor y mambí Manuel de la Cruz se le puede encontrar en la esquina de Prado y Neptuno, la del famoso chachachá del compositor Enrique Jorrín, pues es su busto el que por largo tiempo ha ocupado esa esquina de Paseo del Prado.
Manuel de la Cruz realizó su campaña libertadora con la pluma y no por ello su función cedió en importancia a la de otros. Dotado de una bien labrada preparación cultural, joven aún deambuló —incierto el camino— por las filas del autonomismo, que pronto abandonó para enfilar, definitiva y apasionadamente, hacia las del independentismo.
De la Cruz tuvo el acierto de reunir momentos vívidos, trazados en tonos impresionistas, no solo del quehacer de los grandes protagonistas de la campaña del 68. En sus cuartillas recogió igualmente el heroísmo del soldado de filas, del oficial subalterno, del asistente anónimo, en cada caso con un estilo de penetración tal en el lector, que Martí apuntaba: «Hay veces en que se desea besar el libro».
Los comienzos del escritor, nacido en La Habana el 7 septiembre 1861, se localizan en el cuentista que quiso ser y que, a su paso por Cataluña, escribió sus impresiones después reunidas en el título En la Madre Patria. En la Península y en Francia, donde se detuvo en tránsito, ahondó criterios de cubanidad y rebeldía expuestos en su posterior obra.
El autor gustaba de los juegos estilísticos, del preciosismo de la palabra, pues no le bastaba con narrar una historia o enjuiciar un texto, se trató de un crítico literario de fino espíritu, colorido, muy personal y estilo atractivo aún en nuestros días, de ahí que el tiempo no haya mermado el interés por todo cuanto escribió.
Pero además cumplió otras funciones de relieve como la de Mayor, cuando en 1894 se le encargó aunar voluntades entre los jefes, en especial por su acercamiento al general «Guillermón» Moncada para que aceptara sin vacilaciones el mando de las tropas blancas orientales, y ofició de enlace entre los grupos conspirativos. Encaminó sus esfuerzos hacia un punto vital: el de minar los intentos autonomistas por neutralizar el movimiento y enfriar el espíritu guerrero requerido antes del rompimiento de las hostilidades.
Cuando se le lee cuidadosamente se percibe la satisfacción, el goce de Manuel de la Cruz siendo útil a la causa separatista mediante la escritura. La devoción por los próceres que dieron su vida, por sus hazañas, es tan sincera y natural que contagia al lector.
Con el estallido de la guerra del 95, De la Cruz retornó a Estados Unidos porque su salud no le permitía afrontar el rigor de la vida en campaña. En Nueva York trabajó subordinado a Tomás Estrada Palma, como secretario de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano.
Se distinguió en el periodismo; sus artículos se publicaron en Suramérica a través del diario La Nación, del que fue corresponsal. Colaboró también en El Fígaro, Revista Cubana en Patria, el periódico fundado por Martí y órgano del Partido Revolucionario Cubano.
Murió joven, el 19 de febrero de 1896, a los 34 años. Entre los que militaron en las filas emancipadoras, a Manuel de la Cruz se le reconoció como uno de los más hábiles periodistas en la lucha política contra el colonialismo.
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