
El nombre de Adolfo Alfonso, Premio Nacional de Música 2004, inolvidable poeta repentista, y habitual pareja de controversia de Justo Vega, está vinculado, sin dudas, a la poesía, a la oralidad y al buen decir.
Adolfo Alfonso Fernández nace en Melena del Sur el 8 de julio de 1924. De niño, era habitual que en su casa sonora la radio. Haber escuchado las controversias entre Angelito Valiente y el Indio Naborí fue definitivo. Adolfo y la décima serían ya inseparables. Estas décimas suyas así lo demuestran:
La décima siempre ha sido latir de mi corazón, casi la resurrección para mi pecho dormido: es mi profundo latido como lo es en Naborí. La décima para mí, haciendo una breve suma, es como lo fue la pluma para el Apóstol Martí.
Recibió la máxima condecoración que otorga el Consejo de Estado, la Orden Félix Varela de 1er grado y la Distinción por la Cultura Nacional. Por su meritoria labor le fueron entregadas varias condecoraciones, entre ellas, la medalla Antero Regalado, otorgada por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, y la Raúl Gómez García.
Su relación con la décima improvisada, con la radio y la televisión fue de por vida. Además de la CMBF radio y la Mil Diez, Adolfo trabajó igualmente en CMQ y en Unión Radio. «Tuve la oportunidad de trabajar en varias emisoras, incluso, en distintos programas a la vez». Tal fue su vínculo con ambos medios de comunicación que en 1962 cuando se funda el programa televisivo de música campesina Palmas y cañas, su momento junto al entrañable «contrincante» Justo Vega estaría, entre lo más esperado del programa.
En los efusivos duetos de «pelea poética» Justo sería el circunspecto y comedido cantor, mientras que Adolfo se dispondría a mortificar, visiblemente divertido, con bromas y jocosidades, a su opositor, al que conseguiría sacar de paso. Los aplausos y las risas no faltaban. En uno de los más recordados «enfrentamientos», Adolfo le cantó a Justo:
Ya después de haber cumplido este deber sin recelo tengo que encenderle el pelo a mi rival engreído. Él pensaba, confundido, Que ya se me iba a escapar Pero le tengo que echar Veneno a este comején Porque no me siento bien Si no lo pongo a gozar. Justo, en su respuesta le decía: Ataca más duro, ataca Que en el ataque mayor Es donde más y mejor Mi décima se destaca.
A pesar de sus enconodas controversias eran amigos, casi hermanos. La amistad les permitía ese resultado poético tan espectacular, tan lleno de autenticidad. Sobre Justo Vega, dijo Adolfo:
Justo no ayudó a mi formación, más que eso, fue mi maestro en todos los sentidos de la vida. Me enseñó todo cuanto sé ahora. De este gran poeta guardo un recuerdo tan infinito. Considero que fue un hombre excelentísimo en toda la extensión de la palabra. Además de un poeta magnífico, un poeta muy dedicado a su trabajo, fue una persona con un talento y una personalidad increíble. La presencia de Justo Vega en cualquier lugar donde trabajara era símbolo de admiración, de cariño y de respeto. Extraño a Justo como se puede extrañar a un padre, a un hermano o a un hijo. Porque todas esas cosas reunidas era Justo Vega para mí.
Adolfo Alfonso falleció el 23 de enero de 2012 debido a una afección cardiorrespiratoria. Sin embargo, su voz en controversias vibrantes y su poesía continúa latiéndole en el recuerdo de los cubanos.
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