
Alfredo Aguayo y Sánchez nació en Puerto Rico el 28 de marzo de 1866, pero fue en Cuba donde desarrolló su valiosa obra como maestro. Trece años después la familia desembarcó en la vecina isla de Cuba, por el puerto de Santiago de Cuba, en el año 1879. Más tarde se mudaron para La Habana, donde se establecieron; alcanzó Alfredo el título de Bachiller y asumió la dirección de la escuela del Círculo de Trabajadores de La Habana. También cursaría las carreras de Derecho y de Pedagogía.
Los años de la Guerra del 95 lo forzaron a la emigración, que para él fue de empeño y trabajo. Se detuvo en Estados Unidos, pasó a Puerto Rico; perfeccionó los conocimientos de inglés y de alemán, hizo funciones de magistrado y regresó al finalizar la Guerra Hispano-Cubana-Norteamericana. A partir de entonces vivió en Cuba, donde su quehacer dentro del magisterio abarcó un largo y fructífero periodo que dejó huellas en la memoria de generaciones de alumnos y profesores.
Al doctor Aguayo se debe la redacción de numerosos libros de texto para la enseñanza primaria. Presidió la Asociación Pedagógica de La Habana y fue miembro de la Sociedad Geográfica de Cuba. Vasta resultó su labor como colaborador en Revista de Educación, Universidad de La Habana, El Mundo, Revista Bimestre Cubana, Revista Pedagógica Cubana y no menos destacada fue su labor de conferencista, desarrollada por muchos años y que lo dio a conocer en el ámbito del contexto intelectual de la nación.
Se le considera uno de los pedagogos más prestigiosos de la primera mitad del siglo XX cubano, si bien sus criterios educacionales no estuvieron exentos de polémica. Tuvo el mérito de fundar un laboratorio de Paidología (estudio de la infancia y de su desarrollo físico e intelectual) y de la programación de temas que motivaran al alumno a la investigación de las ciencias de la educación y a actualizarse acerca de los más recientes hallazgos en este campo.
La Universidad de San Juan de Puerto Rico le honró con el grado de Doctor Honoris Causa y en 1942 la de La Habana lo homenajeó en su Aula Magna, ocasión en la que el embajador de México le impuso la Medalla del Mérito Docente Ignacio A. Altamirano, pues su trabajo como educador y autor de textos trascendió a otros países latinoamericanos.
En el criterio de Max Henríquez Ureña, «a más de pedagogo y escritor, la historia de las letras debe tenerlo en cuenta, no ya por sus textos de Pedagogía y de Psicología pedagógica, sino por sus ensayos: Filosofía y nuevas orientaciones de la educación (1930), Problemas generales de la nueva educación (1936) y La democracia y su defensa por la educación (1941). Además, legó su valoración analítica de Luis Vives, como educador y de las Ideas pedagógicas del Padre Varela.[1]
Aguayo y Sánchez murió en La Habana el 30 de abril de 1948. En las palabras de despedida de su duelo, el Dr. Luciano R. Martínez —padre de Rubén Martínez Villena— expresó conmovido:
Duerme en paz el último sueño sobre los laureles de tu justa fama; descansa de la ruda labor de toda tu existencia y de los grandes dolores físicos y morales de los últimos años.
Evocarlo es un acto de justicia que la pedagogía y la cultura no deben pasar por alto.
[1] Max Henríquez Ureña: Panorama Histórico de la Literatura Cubana, Edición Revolucionaria, tomo II, pp. 322-323, 1967.
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