
André Malraux fue un narrador y ensayista francés, historiador y hombre de Estado, que encarnó el prototipo del escritor comprometido.
A pesar de vivir una infancia acomodada sobre esta dijo en sus Antimemorias: «casi todos los escritores que conozco recuerdan con cariño su infancia, yo odio la mía».
Con una cultura que adquirió de forma autodidacta, se integró en los medios literarios y artísticos parisinos en su adolescencia.
Participó en las tendencias de vanguardia de la inmediata posguerra, en especial el cubismo. Colaboró en Action, revista de este movimiento, y en 1921 fue contratado como editor de la Galería de Arte Simon; allí apareció su primer trabajo, Lunes en papel, ilustrado por Fernand Léger y dedicado a M. Jacob. En 1922 comenzó su colaboración en la Nouvelle Revue Française.
A finales de 1923, se enroló en una expedición arqueológica a la selva camboyana. Allí descubrió, en un templo abandonado, bajorrelieves que extrajo con la intención de venderlos en Europa. La aventura le costó la cárcel, pero finalmente fue absuelto. Viajó, además, por Europa y visitó numerosos museos.
Tales experiencias le ofrecieron una visión amplia de las realidades del mundo: paralelamente a su descubrimiento de Oriente, tomó conciencia de las circunstancias políticas y sociales, adquiriendo así la reputación de escritor comprometido que orientó su vida y su obra.
Entre sus títulos pueden citarse La tentación de Occidente (1926), un «ensayo-novela» que confrontaba un Oriente de sabiduría y un Occidente en crisis. En similar cuerda temática publica Los conquistadores (1928), La vía real (1930) y La condición humana (1933); esta última se convertiría en su libro más célebre, galardonado con el prestigiso Premio Goncourt de Francia.
En 1951 publicó Las voces del silencio, el más importante de sus escritos sobre arte, donde defendió la libertad del artista contra los determinismos, tanto del Marxismo como del Psicoanálisis.
Se vinculó a la Guerra Civil Española, la lucha contra el fascismo y tuvo un encuentro con Charles de Gaulle en 1945, de cuyo gobierno provisional 1945-1946 fue ministro de Información y al que benefició con su talento de orador.
Dedicó igualmente tres volúmenes a Los museos imaginarios de la escultura mundial (1952 a 1955) y publicó la primera parte de lo que sería una gran epopeya de las artes: La metamorfosis de los dioses (1957). En 1967 apareció Antimemorias, en 1971, Les Chênes quon abat, relato de su última entrevista con De Gaulle; en 1974, La cabeza de obsidiana, luego Lázaro (1974) y Hôtes de passage (1975). Además de sus ensayos autobiográficos, publicó una segunda parte de La metamorfosis de los dioses, titulada Lo irreal (1974) y luego una tercera, Lo intemporal (1976).
En 1977 apareció, póstumamente, su único trabajo consagrado a la creación literaria, síntesis de innumerables prólogos y artículos dispersos: L´Homme précaire et la Littérature.
Hombre de libertades y marcado por la tragedia de perder a su esposa y dos hijos, Malraux se codeó con grandes figuras de la política y las artes de su tiempo: Mao Zedong, John F. Kennedy y Jawaharlal Nehru, así como Pablo Picasso, Marc Chagall, Georges Braque, Maurice de Vlaminck, André Derain, Fernand Leger, Jean Cocteau, André Gide, Max Jacob, Pierre Reverdy y Louise de Vilmorin.
Malraux jamás se creyó atado a un dogma y, a través de sus mutaciones, fue siempre fiel a su necesidad de superación y a su heroísmo duro que excluye apelar a utopías consoladoras. En 1976 recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes.
André Malraux falleció el 23 de noviembre de 1976. Sobre la muerte dijo: «La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida».
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Con información de Ecured
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