
A la altura de este mes de noviembre de 2025, cuando La Habana celebra un nuevo aniversario de su fundación, resulta cuando menos curioso enterarnos de cómo era doscientos años atrás, justamente en 1825.
Algunos hitos debemos recordar. En 1577 se termina el Castillo de la Real Fuerza; en 1589 se inician las obras de construcción de las fortalezas de San Salvador de La Punta y Los Tres Reyes del Morro, que junto a la de La Fuerza habrán de conformar el primer triangulo defensivo de la aún villa, a la que en 1592 el monarca Felipe II otorga el título de ciudad, y que para 1607 es reconocida por Real Decreto como capital de la Isla de Cuba.
Ahora remitámonos a míster John Howison, de quien solo podemos aportar que es autor del libro Foreign Scenes and Travelling Rereations, de 1825. Él escribe:
“Los más interesantes y frecuentados lugares públicos de recreo en La Habana son los bailes, los que tienen lugar durante los festivales religiosos. En tales ocasiones se acostumbra que dos o más individuos que tienen grandes casas en la vecindad de la iglesia donde se celebra la festividad, abran sus puertas para la recepción de visitantes selectos, ninguno de los cuales paga nada excepto cuando piden refrescos; la ganancia por la venta de estos sirve para sufragar los gastos de luces y música”.
Proseguimos ahora con otros hitos históricos.
En 1638 se coloca la primera piedra del Convento de Santa Clara; en septiembre de 1640 una escuadra holandesa al mando del almirante Cornelius Joll bloquea la ciudad y se apresta a propósitos peores, cuando un huracán la desarticula, lanza contra las rocas y salva providencialmente a los habaneros; en 1671 se inician las obras para el amurallamiento de la capital, las cuales se extienden hasta el siglo siguiente; en 1679 se erige en el Cerro del Ángel la Iglesia del Santo Ángel Custodio, escenario que se recrea en la novela Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, y el 5 de enero de 1728 se funda la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo en el Convento de San Juan de Letrán.
De nuevo nos cuenta el señor Howison:
“Los españoles de las clases altas, en general, no se asocian con los ingleses y norteamericanos que residen en La Habana. Los últimos, por tanto, forman un círculo entre ellos, el cual, como bien puede suponerse, no es muy refinado ya que sus miembros no son más que aventureros mal educados y casi analfabetos. Pocos extranjeros tienen en La Habana establecimientos domésticos de su propiedad, sino que usualmente sus miembros se congregan en casas de huéspedes. Al vivir aquí sin las restricciones impuestas por la sociedad femenina y sin la vigilancia de las buenas costumbres, degeneran en un conjunto bastante desagradable y turbulento”.
Mientras, los habaneros continúan viviendo sucesos memorables. Por ejemplo, el 30 de junio de 1741 El Invencible —así conocido por sus dimensiones colosales—, que se encuentra atracado en el muelle, estalla alcanzado por un rayo y sus restos causan estragos en las calles y tejados de la ciudad. En junio de 1762 la flota inglesa ataca las defensas de La Habana y la ocupa sin grandes contratiempos pese a la resistencia de algunos heroicos combatientes. La dominación inglesa se extiende por once meses, hasta el 6 de julio de 1763, fecha en que España recupera la ciudad a cambio de entregar a Inglaterra la Península de La Florida.
De 1774 data el primer censo oficial, que arroja una cifra de 171 670 habitantes, de los cuales 44 333 son esclavos.
Importantes son también la introducción del alumbrado público hacia 1788-1789, la conversión de la Iglesia Mayor en Catedral y la aparición del Papel Periódico de La Habana, primero de su tipo en Cuba.
Se crea en 1793, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en 1818 se establece la Escuela de Pintura de San Alejandro y por último, el 20 de febrero de 1819 entra por la rada capitalina el Neptuno, primer buque de vapor que surca nuestras aguas.
Ya casi para cerrar estos apuntes, el bien enterado y observador visitante míster Howison ofrece este cuadro descriptivo de La Habana de dos siglos atrás.
“El aspecto que presentaban las calles colindantes (a la Iglesia de las Mercedes) no era lo menos interesante de la exhibición. Una gran variedad de kioscos y tenderetes alumbrados con antorchas, y atendidos por negros, era lo primero que llamaba la atención. Multitud de esclavos y mulatos se movían hacia adelante y hacia atrás entre ellos, hablándose vocingleramente unos a otros, mientras a intervalos, un grupo de elegantes damas españolas, vestidas de blanco, se deslizaba a través del grueso de la multitud en su camino hacia el salón de baile”.

Ahora, amigo lector, súbase nuevamente a la máquina del tiempo, desmóntese al llegar a la parada que dice “año 2025”, y dispóngase a festejar un nuevo aniversario de la fundación de La Habana. ¡Pásela bien!
Visitas: 14






Deja un comentario