
Alguien que confiesa haber viajado mucho, haber sido, incluso, profesor universitario, que encuentra aburrido a los concretistas brasileños y que no cree, per se si no, oh dios, en escribir bien. Que no ve bien algunas construcciones de uno de sus mayores coterráneos: Cesar Vallejo, verbigracia.
Periodista, profesor, viajero, narrador, guionista de cine, traductor, Antonio Cisneros (1942-2012) un poeta peruano perteneciente en su país a la llamada Generación del 60, donde descuellan otros de la talla de Rodolfo Hinostroza, Javier Heraud, Hildebrando Pérez, Mirko Lauer…
Premio Casa de las Américas 1968 por su libro Canto ceremonial contra un oso hormiguero, al punto, que muchos años después la misma Casa hubo de ampliar su catálogo con una muy breve antología, a mi modo de ver demasiado breve, luego de muchos años de Toño haber estado ampliando con mucha frescura su producción poética.
En fin, que necesitados como estamos ya, tal como hemos insinuado, de un volumen que termine por actualizar de una vez y por toda su poesía a fin de que el lector cubano termine por hacerse un juicio definitivo de su obra he aquí que entregamos dos de sus poemas más paradigmáticos.
TERCER MOVIMIENTO (AFFETTUOSSO)
Para hacer el amor debe evitarse un sol muy fuerte sobre la cara de la muchacha, tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra para hacer el amor. Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos pero la arena gruesa es mejor todavía. Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas. Poco reino es la cama para este buen amor. Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera: que ningún valle o monte quede oculto y los amantes podrán holgarse en todos sus caminos. La oscuridad no guarda el buen amor. El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo y entonces la muchacha no verá el Dedo de Dios. Los cuerpos discretos pero nunca en reposo, los pulmones abiertos, las frases cortas. Es difícil hacer el amor, pero se aprende.
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KARL MARX DIED 1883 AGED 65
Todavía estoy a tiempo de recordar la casa de mi tía abuela y ese par de grabados: «Un caballero en la casa del sastre», «Gran desfile militar en Viena, 1902». Días en que ya nada malo podrá ocurrir. Todos llevaban su pata de conejo atada a la cintura. También mi tía abuela – 20 años y el sombrero de paja bajo el sol, preocupándose apenas por mantener la boca, las piernas bien cerradas. Eran los hombres de buena voluntad y las orejas limpias. Sólo en el music-hall los anarquistas, locos barbados y envueltos en bufandas. Qué otoños, qué veranos. Eiffel hizo una torre que decía «hasta aquí llegó el hombre». Otro grabado: «Virtud y amor y celos protegiendo a las buenas familias». Y eso que el viejo Marx aún no cumplía los 20 años de edad bajo esta yerba –gorda y erizada–, conveniente a los campos de golf. Las coronas de flores y el cajón tuvieron tres descansos al pie de la colina y después fue enterrado junto a la tumba de Molly Redgrove «bombardeada por el enemigo de 1940 y vuelta de construir». Ah el viejo Karl moliendo y derritiendo en la marmita los diversos metales mientras sus hijos saltaban de las torres de Spiegel a las islas de Time y su mujer hervía las cebollas y la cosa no iba y después sí y entonces vino lo de la Plaza Vendôme y eso de Lenin y el montón de revueltas y entonces las damas temieron algo más que una mano en las nalgas y los caballeros pudieron sospechar la locomotora a vapor ya no era más el rostro de la felicidad universal «Así fue, y estoy en deuda contigo, viejo aguafiestas».
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