
En nuestras manos tenemos la edición bastante divulgada del Pequeño Larousse Ilustrado. Allí, entre sus páginas, una entrada reseña el nombre del doctor Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén, y su importancia dentro del Derecho Internacional.
No fueron muchos los cubanos que alcanzaron desde comienzos del siglo la notoriedad del doctor Sánchez de Bustamante, quien asistió en condición de delegado a foros internacionales en Europa, al Sexto Congreso Panamericano de 1928, con sede en La Habana, y fue juez de la Suprema Corte de Justicia de La Haya, en 1929, además de profesor titular de Derecho Internacional de la Universidad de La Habana, senador de la república y orador en quien se conjugaron la capacidad y el don tribunicio.
Vivió 86 años y hasta el final de sus días —el 24 de agosto de 1951, hace ahora 75 años— conservó la lucidez intelectual de un hombre maduro, por lo que la naturaleza le fue pródiga en más de un sentido: larga vida, buena salud e inteligencia bien dotada.
Don Antonio, habanero y nacido tres años antes del inicio de la Guerra de los Diez Años, hizo estudios compartidos entre Madrid y La Habana, graduándose de Derecho Administrativo y de Derecho Civil y Canónico, e incorporándose a la docencia en la Universidad de la ciudad natal.
Su bufete de las calles Aguacate y Muralla contó con una clientela en la que figuraba lo más pudiente del sector mercantil y financiero de La Habana. Escritor y polígloto, dirigió por siete años la Revista del Foro, y fundó y dirigió la Revista de Derecho Internacional, disciplina en la que se le tuvo como una eminencia, con un prestigio que se extendió por América Latina y España.
El doctor Sánchez de Bustamante presidió, al fundarse, la Academia Nacional de Artes y Letras, fue director honorario de la Academia Cubana de la Lengua y presidió la Sociedad Cubana de Derecho Internacional.
«La nombradía que alcanzó como orador y conferencista le llevó a ocupar las cátedras más exclusivas de Europa y de América. Doctor Honoris Causa de universidades renombradas, como la Universidad de La Sorbona, la de Columbia y la de San Marcos de Lima, y miembro de las corporaciones jurídicas de mayor relieve de todo el mundo», escribió de él el profesor Salvador Bueno.
«El Código de Derecho Internacional Público y Privado que redactó, tuvo tal difusión que por lo general se le cita, simplemente, como el código de Bustamante», apunta nuevamente Bueno.
Numerosos libros publicó el profesor Bustamante, entre ellos los dos tomos de sus Discursos, editados en vida, que revelan al orador interesado en comunicar ideas y trasmitir enseñanzas más allá de los cabrioleos de quien pretende, mediante su facilidad verbal, impresionar gratamente el oído de un auditorio.
Ejerció la profesión de abogado y la docencia por seis décadas y el mayor orgullo de quienes pasaron por sus aulas era afirmar «yo fui alumno del doctor Bustamante». Este prestigio académico y profesional ni tan siquiera le fue cuestionado por su controvertida conducta durante el régimen de Gerardo Machado, cuando presidió la Asamblea Constituyente que aprobó la prórroga de poderes presidenciales en favor de Machado y también la ceremonia de entrega a aquel del título de Doctor Honoris Causa, una decisión masivamente reprobada y lesiva a la cultura nacional.
Entre las figuras del foro cubano, es Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén una de las celebridades internacionales de la primera mitad del siglo XX.
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