
Arturo Carricarte pertenece al grupo de escritores que ven nacer la República en 1902 y lo hacen con edad suficiente para incorporarse a un periodismo que inicia una nueva etapa con la introducción de mejoras tecnológicas, mayores recursos artísticos y gráficos, una cantidad apreciable de páginas en los diarios y una información temática más diversificada, todo ello con independencia de su orientación ideológica o los intereses que, según el propietario de la publicación y la tendencia política que representara, asumieran las opiniones.
Algunos periódicos ya existentes en la etapa colonial prosiguen su circulación, otros desaparecen y se crean nuevos. La del periodista se hace, cada vez más, una voz influyente.
Nacido en La Habana el 6 de noviembre de 1880, el periodista Arturo de Carricarte realizó estudios de bachillerato, viajó a México, obtuvo el premio de crítica en los Juegos Florales del Ateneo de La Habana en 1908. Para esa fecha, ya está incorporado activamente al hacer periodístico, pues desde al año anterior era editor de la versión en idioma español de The Havana Post, órgano de la colonia norteamericana en la Isla.
De Carricarte dirigió además El Mundo Artístico, la Revista Martiniana (entre 1921 y 1927), Revista Crítica y El Dictamen, las dos últimas en Veracruz, entretanto, sus colaboraciones se leyeron en La Época, América, La Nación, Azul y Rojo, El Fígaro, Bohemia, Gráfico, El Mundo, Diario de la Marina, Heraldo de Cuba, La Discusión, El Día, Arte, El Sol para lo cual utilizó varios seudónimos con los que firmaba sus artículos.
De sus entregas para el semanario Bohemia, reproducimos un fragmento del artículo que dedicó a la visita del poeta nicaragüense Rubén Darío, publicado en septiembre de 1910:
Rubén Darío es el único de nuestros artistas que ha ejercido una influencia continental fijando derroteros, señalando normas y revelando bellezas que ningún otro antes que él mostrara de tan vívida manera.
Ni más poeta, ni más genio, ni más arte es, y posee Darío, que algunos cantores que con él coexisten o le precedieron, pero Darío alcanzó el envidiable privilegio que a los grandes hombres asigna en su obra inconclusa Amador de los Ríos, de encarnar en sí los caracteres de su época.
Además de periodista, Arturo de Carricarte escribió ensayos y narrativa, trabajó la biografía y, en el criterio del profesor Max Henríquez Ureña, recogido en su Panorama Histórico de la Literatura Cubana, su Iconografía del Apóstol José Martí, de 1926, es “una de las más dignas de atención que se han editado”, aunque viene al caso consignar que sobre la vida del Héroe Nacional de Cuba publicó varios libros más.
Por su novela Historia de un vencido (El Ñáñigo) se le confirió el Gran Premio de Literatura correspondiente a 1913-1914 de la Academia Nacional de Artes y Letras. De su múltiple hacer queda su huella en la fundación de la Biblioteca Municipal de La Habana en 1920 y el Museo José Martí. Desempeñó además cargos diversos en la Secretaría de Educación, en el Senado y en el servicio consular.
Arturo de Carricarte murió en La Habana el 8 de noviembre de 1948, dos días después de cumplir 68 años. Aunque hoy olvidado, no hay más que hojear la prensa de la primera mitad del siglo XX para hallar su indiscutible impronta.
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