
Bonifacio Byrne (Matanzas, 1861-1936) es el autor del popular poema «Mi bandera», pero también de otros menos conocidos, pero igual de patrióticos.
Mi bandera
Al volver de distante ribera
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!
¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste!...
Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!
En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.
Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde:
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!
En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve...
¿No la veis? Mi bandera es aquélla
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella
con más luz, cuanto más solitaria.
Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.
Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el sol con su lumbre
la ilumine a ella sola —¡a ella sola!—
en el llano, en el mar y en la cumbre.
Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día...
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!
Después de un período juvenil de iniciación en la poesía modernista, Byrne se convirtió, a partir de 1896, en el intérprete de los entusiasmos y agonías de su pueblo en la lucha por la independencia. Entre sus versos no faltaron los dedicados a figuras trascendentales de nuestras luchas, como el dedicado Ignacio Agramonte que compartimos a continuación:
Ignacio Agramonte
Joven y audaz, intrépido y valiente,
generoso, magnánimo y austero,
nadie ha sabido como aquel guerrero
en el combate levantar la frente.
Se agitaba en un círculo esplendente,
y, para ser todo un caballero,
besaba, en medio de la lid, su acero,
como besa una imagen el creyente.
Entre sus brazos lo estrechó la gloria,
por su gallarda y varonil figura,
por su espíritu noble y por su historia.
Ningún guerrero llegará a su altura,
pues, jinete invisible en la victoria,
atraviesa al galope la llanura!
El poeta falleció el 5 de julio de 1936. Que la fecha sea el pretexto ideal para releer la poesía de Bonifacio Byrne.
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