
La editorial Cubaliteraria comienza hoy una serie de entrevistas a nuestros colaboradores, columnistas y al equipo de trabajo con el objetivo de que los lectores conozcan quién está detrás de cada texto que lee. La iniciativa se extenderá también a fundadores de la editorial, escritores que han marcado la trayectoria de Cubaliteraria y personas, que aunque no forman parte del equipo, lo han apoyado siempre.
Sin más, demos la palabra a Caridad Atencio.
Los escritores suelen tener ciertas rutinas para escribir… ¿Podría contarnos cuáles son las suyas? ¿Emplea las mismas cuando escribe ensayo y cuando escribe poesía?
Pese a nuestro oficio, la aridez es lo natural. De ahí viajamos instintivamente a la obsesión: resguardar esa frase que nos quema o nos persigue. Desde que comencé a escribir me asaltan frases en el sueño y en la vigilia. A veces con frecuencia, otras menos. Las anoto en mis libretas y las uso en la composición de mis poemas, que sí tienen una idea como centro, y se escriben a mano con la intimidad y calidez que esa labor me brinda. A veces las dejo descansar y entonces, un día, descubro que tienen entre sí una íntima y secreta relación. Porque en lo refractario hay algo fragmentario, porque en lo fragmentario hay algo refractario.
Creo en la yuxtaposición y consecutividad a un tiempo de las ideas en la imagen, y el realce que este tipo de frases, debidas a la «inspiración», puede dar al poema, como creo en la necesidad de trabajar exhaustivamente la composición, que a veces deviene como el estilo inimitable del escritor. Quizá eso sea reflejo o brillantez de lo consciente en lo inconsciente y del hecho de que siempre he concebido el poema como la puesta en escena de un conflicto, una de las formas de evitar lo nimio, una de las fuentes de la vitalidad.
Si le preguntaran por un libro que la hubiera marcado en lo personal, ¿cuál escogería? ¿Por qué?
Los libros siempre están dejando huella en ti, por eso estamos en este camino. Pero, examinando la memoria, puedo decirte que recuerdo con mucho placer y asombro el momento en que leí los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire, que me hicieron redondear la forma de lo que quería decir. Un tiempo después pude concebir Salinas para el potro, mi primer libro, que se escribió en el año 91 y salió por la Editorial Extramuros en el 2001, como consecuencia de la falta de papel.
¿Qué ha significado para ti llevar la columna Di-versos en Cubaliteraria?
Un sueño largamente acariciado. Ver la poesía cubana publicada y comentada periódicamente en una revista digital, algo siempre necesario, dada la calidad y relevancia de la misma a lo largo de su historia.
¿En qué proyecto investigativo y/o literario está trabajando ahora mismo?
Llevo a cabo una actualización de la recepción de la poesía de José Martí, de sus libros clausos y publicados. Esta tarea ya fue asumida por mí a inicios de la década del 2000 y tuvo como frutos tres libros: Recepción de Versos sencillos: poesía del metatexto, Premio Calendario en 1999 y publicado por la Editorial Abril en el 2000; Circulaciones al libro póstumo: Recepción de Versos libres —proyecto de libro que obtuvo el Premio Razón de ser en 2002 y fue publicado por la Editorial Oriente en 2005—, y La saga crítica de Ismaelillo, Editorial José Martí, La Habana, 2008, que ahora se enriquecerán dada la condición de clásico de José Martí, y el grado de experticia logrado por la investigadora, que, sin duda, producirá nuevos conocimientos respecto al tema.
¿Cómo sería un día de cumpleaños ideal para ti? ¿Quiénes estarían? ¿Qué harías?
Estar con la familia más cercana y dos o tres amigos, como ocurre casi siempre. Este año extrañaré al poeta Domingo Alfonso, que venía todos los años a felicitarme con un regalo en las manos.
***
A continuación, reproducimos un poema inédito que la poeta y ensayista cedió para la entrevista:
Cómo describir
la fuerza
que nos venció:
el agua
tenía razón,
el mito
del amor
tenía razón.
Cómo divisar
el ritmo
de un color
si aún está
oscureciendo.
Todo se esfuma
en el claro
de la luna.
Cuando
muere
una madre
se deshace
un hogar,
pero
entre ramas
cansadas
vive
un penacho rojo.
¿Están cerrados
los caminos
que descienden
del árbol
a la raíz?
Me queda
el sentimiento.
Hacia dónde
va
mi sentimiento?
Se quema
con su fuego.
Mi madre
significó
el mundo
para mí:
el agua
tenía razón,
el mito
del amor
tenía razón.
Nada
en propiedad
para la memoria,
como la espiga
del árbol
que amanece
cada día
con su flor,
y la pierde
a la tarde.
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