
José Maria d’Eça de Queirós nació el 25 de noviembre de 1845 en Póvoa de Varzim, en el distrito de Oporto, Portugal. Maestro de la ironía y del sarcasmo, es considerado uno de los autores más importantes de la literatura portuguesa y universal con obras como Os Maias y O crime do Padre Amaro.
Cuando el escritor muere el 16 de agosto de 1900, la decisión de la viuda, D. Emília de Castro (Resende), fue la de sepultarlo en el túmulo de sus padres, los Condes Resende, en el cementerio del Alto de São João, en Lisboa.
En 1989, los restos mortales de Eça de Queirós fueron trasladados al Cementerio de Santa Cruz do Douro, en Baião, lugar donde radica la Fundación Eça de Queiroz desde su creación en 1990. El traslado hacía honor a la propia obra queirosiana al elegir como último reposo del autor el lugar adonde había venido a encontrar tranquilidad de espíritu aquel Jacinto de As cidades e as serras. Durante más de treinta años, allí descansó Eça.
El 8 de enero de 2025, tras el dictamen del Supremo Tribunal Administrativo de Portugal que puso fin a un debate que duró décadas, los restos de Eça de Queirós son depositados en la Iglesia de Santa Engrácia, en el Panteón Nacional. Así, el autor trocaba los caminos de las sierras del Norte por la ciudad de Lisboa y se convertía en el 13º portugués en recibir esta honra póstuma, junto a caríssimos como la fadista Amália Rodrigues, el futbolista Eusébio y la poeta Sophia de Mello Breyner.
La conmemoración en noviembre de 2025 del 180 aniversario del natalicio del escritor, les devolvió su Eça a las proximidades de la Quinta de Tormes. El Municipio de Marco de Canaveses, en colaboración con el Grupo 1 «Literatura e Cultura portuguesas», del CLEPUL (Centro de Literaturas y Culturas Lusófonas y Europeas), de la Universidad de Lisboa, con el subgrupo «Entregéneros: Literatura e Hibridismo», del CLLC (Centro de Lenguas, Literaturas y Culturas), de la Universidad de Aveiro y la Universidad Complutense de Madrid, celebraron el Congreso Internacional Eça com Norte durante los días 20, 21 y 22 de noviembre. El recinto del Emergente, cerca del río Támega, acogió a profesores, investigadores y escritores llegados de otras regiones de Portugal, Brasil, Cuba y Estados Unidos. La obra queirosiana fue analizada y leída desde perspectivas como la negritud, la religión y la contemporaneidad.

A la entrada del Emergente, un joven disfrazado de Eça velaba una exposición que exhibía piezas como el célebre monóculo y una página del manuscrito de O primo Basílio. El Duo Gomo de Tangerina, acompañado por lecturas de Pedro Tamares, puso fin al encuentro con un concierto titulado A língua de Eça de Queirós. El escritor volvía a las sierras del Norte.
La casa que los Maias ocuparon en Lisboa, en el otoño de 1875, era conocida en el vecindario de la calle de S. Francisco de Paula, y en todo el barrio de las Janelas Verdes, por la casa del Ramillete o simplemente el Ramillete.
De esta manera comienza la novela Os Maias, publicada por primera vez en 1888 por la Editora Chardron. La obra cuenta la historia de la familia Maia a lo largo de tres generaciones. Al paso que describe la sociedad portuguesa del siglo XIX con personajes memorables como João da Ega, Dâmaso Salcede y el matrimonio de los Gouvarinho, Eça de Queirós narra el amor fatal entre un joven médico recién instalado en Lisboa, Carlos da Maia, y la joven Maria Eduarda.
A continuación, de Os Maias, traduzco la escena del bordado entre Carlos y Maria Eduarda, cuando el enamorado ya no consigue disimular su pasión.
– ¡Parece que ese bordado no se acaba! -dijo él, impaciente de verla, tan serena, ocuparse de sus tejidos.
Con el bordado desdoblado sobre las rodillas, ella respondió, sin levantar la mirada:
– ¿Y para qué se ha de acabar? El gran placer consiste en continuar bordando, ¿no cree? Una puntada hoy, otra mañana, así se convierte en una compañía… ¿Para qué se ha de querer apurar el fin de las cosas?
Una sombra veló el rostro de Carlos. En aquellas palabras, dichas con delicadeza acerca del bordado, sentía una desalentadora alusión a su amor –ese amor que le fuera colmando el corazón a medida que la lana cubría aquel tejido, y que era obra simultánea de las mismas manos blancas. ¿Acaso quería ella conservarlo allí, como el bordado, sumiso, siempre aumentado y siempre incompleto, guardado también en el cesto de la costura, para ser el alivio de su soledad?
Entonces le dijo, conmovido:
– No es así. Hay cosas que solo existen cuando se completan, y solo entonces dan la felicidad que se procuraba en ellas.
– Es muy complicado eso -murmuró ella, sonrojándose-. Es muy sutil…
– ¿Quiere que sea más claro?

Visitas: 39






Deja un comentario