
La narradora, guionista y realizadora Consuelo Ramírez Enríquez dialoga con los asiduos lectores del Portal Cubaliteraria acerca de su infatigable quehacer en esos apasionantes campos del conocimiento humano.
La también escritora y directora de cine y televisión es licenciada en Educación por la capitalina Universidad de Ciencias Pedagógicas «Enrique José Varona», de La Habana, y licenciada en Medios de Comunicación Audiovisual por la Universidad de las Artes (ISA). Por otra parte, ha recibido —como autora y directora de audiovisuales— varios premios nacionales y foráneos.
Ramírez Enríquez es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y su obra, tanto literaria como televisiva y cinematográfica, goza de sólido prestigio en nuestra plataforma insular y fuera de las fronteras geográfico-culturales cubanas.
¿Cuáles fueron las motivaciones fundamentales que orientaron su vocación profesional hacia la narrativa y la realización audiovisual; medios donde se desenvuelve como «pez en el agua»?
Gracias por lo de «como pez en el agua», si se percibe así, mejor, pero no sé si los peces se tienen que esforzar tanto para nadar. Le aseguro que hay mucho desvelo detrás de cada entrega, ¡y no solo mío!
Ni yo misma sé por qué me gusta tanto contar, tal vez por oír a mi madre cuando me llenaba de anécdotas desde antes de cumplir el primer año de vida, al punto de que, a veces, en la casa pensaban que ella conversaba con alguna amiga y era monologando para mí. ¡Qué privilegio! Después, vino la época en que todo el tiempo me parecía poco para disfrutar del inefable placer de la lectura, y de descubrir el mundo «mágico» del cine.
Entonces, puede que la motivación menos consciente esté en la posibilidad de «pronunciarnos» a través de lo que contamos. Y la más consciente esté en ofrecerles a los demás el regocijo que genera ese proceso de toma y daca entre las vivencias propias y las ajenas.
Si no constituye un «secreto clasificado», ¿qué la inspiró a escribir el relato corto «La devuelta y el arriero», llevada a la pantalla grande, con éxito de público y de crítica?
Mi bisabuela, señora Altagracia Enríquez Samper (la «catalana»), a quien dedico «La devuelta…» fue dos veces rica y dos veces pobre. Fue rica por segunda vez al unirse con don Blas Llanes, mi bisabuelo. Cuentan que se amaron con delirio y constituyeron un hogar muy feliz, pero nunca pudieron legalizar su unión, porque él estaba ya casado con una mujer a la que devolvió la noche de bodas por no ser virgen. A la muerte de Blas, la familia de «la devuelta» hizo todas las reclamaciones legales de la época, y abuela «Alta» —como le decíamos sus descendientes— quedó en el camino con sus cinco hijos: la mayor, abuela Consuelo, de veinte años de edad.
A principios del 2011, desarrollé un taller de dramaturgia y actuación con una técnica muy interesante que trajeron unas teatristas uruguayas. Teníamos que convertirnos en un personaje del que escribíamos un poco y actuábamos otro poco. Y ahí, de pronto, me autosorprendo escribiendo:
Sé que el día que recuerde mi nombre seré amada nuevamente, […] me fugué con tal de no ser lo que de todas formas soy: una devuelta. […] he vuelto a fijar mis ojos en un hombre […] un arriero […]
Es decir, me metí en la estructura psicológica de aquella mujer desconocida, que fue devuelta por mi bisabuelo; siempre los prejuicios cobran víctimas, pensé.
Cuando me tocó actuar el personaje caminé por el escenario en busca de mi arriero por entre todo aquel lomerío en que se había convertido el lunetario vacío, y temblé de emoción, pero no por el arriero. Era otra parte de mí, que no podía creer: de tan insospechable manera nacía la historia que deseaba escribir desde hacía mucho tiempo […].
Según sus propias palabras, a la hora de escribir ese relato corto, que «saltó» de la literatura al celuloide, usted pensó en la primerísima actriz Eslinda Núñez para que lo protagonizara. ¿Cuál fue la razón principal que la impulsó a escoger a esa gloria de las artes escénicas caribeñas y de un poco más allá de nuestras fronteras geográfico-culturales para que desempeñara el papel protagónico?
No solo escogerla, sino tener la suerte enorme de que aceptara. En 2004, había dirigido mi primera ficción Torneo en Sabana Miguel. En dicho audiovisual, Eslinda interpretaba a la madre, pero en un ensayo le pido que actúe un fragmentito del personaje de la hija, y fue impresionante verla desdoblarse, adoptó ciertos modos que solo tiene una adolescente.
Mientras ella me comentaba que lo más difícil era limpiar la mirada de las vivencias de un adulto, a mí me nacieron unos deseos enormes de diseñar una adolescente para ella, pero no se me ocurría nada […]. Le escribí e interpretó una madre persa en El fabricante de versos. La anciana que recordaba su amor juvenil por el Caballero de París. Délfica Sierra, la apasionada directora de teatro de Cien Años Contigo, la esposa despistada y sensual del alcalde en El Placer de la Intimidad. Yhasta nacieron para ella otros personajes en tres filmes […], pero la adolescente no aparecía, hasta el día maravilloso del taller.
Era evidente que el personaje de «La devuelta» se lo entregaría a esa «gloria de las artes escénicas», como usted, con acierto, la califica. Pero hay más: estoy trabajando en el guion de «La devuelta» cuando recibo la noticia de que le habían otorgado el Premio Nacional de Cine, y dije, ¡este es mi regalo!
Aun así, no sabía lo que iba a ocurrir, porque todo podía quedar en el contexto de la literatura. Varios días después, me llamó para hablarme de «La devuelta», de las características psicológicas del personaje, del pasado de aquella mujer, mucho más fuerte de lo que yo había escrito. Razonaba por qué se movía en los límites entre la locura y la cordura, encontraba la lógica para que una persona que vivía en total soledad perdiera la noción del tiempo […]. Yo la escuchaba atentamente, pero no pude más y la interrumpí, porque no me acababa de decir lo que yo necesitaba saber. ¿Lo hacemos? Sí, vamos a hacerlo, me dijo sin más rodeos, con la sencillez que ella adopta cuanto asume la responsabilidad de algo, sea lo que sea.
Lo demás fue trabajar para que los espectadores pudieran disfrutar su actitud de muchacha enamorada, llena de miedos y de ilusiones. Sobre todo, esas transiciones tan evidentes, y, sin embargo, tan sutiles, a las que solo se puede llegar desde esa maestría inspiradora.
¿Podría describir —con pocas palabras y sin revelar detalles «comprometedores»— cuáles son sus planes futuros, tanto en el campo de la narración literaria, como en el de la realización audiovisual?
Preparo un libro con todos los relatos que han ido a la pantalla y han regresado a la narrativa. Esos son mis Viajeros que retornan. Escribo un guion inspirado en la maravillosa vida de la nonagenaria artista de la plástica, narradora, poetisa y ensayista Thelvia Marín (1922-2016), que será una ficción aderezada con inevitables elementos reales. Trabajo, además, para completar los fondos de mi primer largometraje: una película que analiza críticamente, y desde una óptica objetivo-subjetiva, pero estético-artística, nuestro contexto, donde Brisa, la protagonista, nos muestra lo que no todos vemos.
¿Algo que desee agregar para que no se le quede nada en el tintero?
Me da mucha gracia esa interrogante. A propósito, suelo preguntarles a los más jóvenes: leer lo que escriben, observar lo que hacen, porque pienso que traen consigo lo novedoso, que reinterpretan diferente lo interpretado por la generación precedente. En el arte, creo que lo más importante sigue siendo la inspiración. Esa «idea-semilla» que nos asalta, nos desvela, nos asedia hasta que le damos forma de «obra-fruto» […]. Pero si puedo aconsejar algo es solo agradecer mucho a quien nos ayude, quien nos de ánimo, quien colabore con nosotras. A veces, hasta sin tener plena conciencia de que lo que dicen o hacen es importante para nosotras, porque sin esa ayuda sería imposible recorrer el camino, a veces lleno de dificultades objetivo-subjetivas u hostilidad. A usted, darle las más sinceras gracias por permitirme hablar de la narración literaria y la creación audiovisual, mis grandes realizaciones artístico-profesionales.
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