
Tanto para Martí como para Lezama el objeto de la poesía
No es esclarecer un misterio para que este se vea finalmente reducido, empobrecido, a una verdad clara y distinta […] es un descifrar y un volver a cifrar y nace de la resistencia que encierra la imagen al querer penetrar en lo extensivo […] no es tanto esclarecimiento como revelación, ese instante en que la imagen nos pone ente una totalidad en que el bandazo rompe con la «embriaguez viciosa del conocimiento» y nos hace vivir, ver ese esplendor. Aun podría añadirse: la revelación, pero el misterio mismo. No hay claridad separada del misterio: revelar es también velar para que lo irrevelable encarne, sea intangible en el cuerpo mismo de su oscuridad.
Por eso creemos que estas reflexiones lezamianas operan como intensificaciones del concepto de Martí donde la poesía es el denominador común de todas las actividades humanas. Tales procederes, tomados también como variación, traen a colación el juicio de Cintio Vitier donde afirma que el modo como Martí es recibido por Lezama se parece al modo como, a su vez, Martí recepcionó a Emerson o a Whitman, en el sentido de una lectura que lo que devuelve no es meramente un reflejo entusiasta o crítico, sino un impulso que vuelve a entrar, como diría Lezama, en lo oscuro germinativo, acumulando fuerzas para el salto a lo desconocido, a lo naciente.
Interrogado por Ciro Bianchi acerca del camino hipertélico expresó Lezama: «Para mí, el hombre no es un ser para la muerte, sino para la resurrección. El poeta es el que crea la nueva causalidad de la resurrección. La poesía vence a la muerte». Por eso en sus Apuntes sobre Paradiso contradice a Heidegger: «La resurrección: se siembra en un cuerpo material, pero se renace en un cuerpo espiritual. Como consecuencia de lo anterior se supera la afirmación de Heidegger: el hombre es un ser para la muerte, por otra: el poeta es el ser causal para [la] resurrección».
La imbricación y traducción del concepto martiano es elevado al lenguaje de todos los días y explicado no como un afán evidente de entrar en las genealogías, sino como resultado de una reflexión donde aquel ha sido asimilado, repensado y sobre el cual el escritor ha sabido tejer nuevos caminos, nuevas sendas de pensamiento y maneras de incidir sobre la realidad. Así lo evidencia él en la propia entrevista aquí referida cuando le preguntan: «¿Qué es para usted la poesía?» A lo que contesta:
La poesía actuando en la historia ni siquiera necesita nombrar su ejecutor, un poeta. El poema es el cuerpo resistente frente al tiempo, y el poeta es el guardián de la semilla, de la posibilidad, del potens. Eso lo sacraliza, es el hombre que cuida un germen, nada menos que la semilla del potens, de la infinita posibilidad. Todos mis ensayos sobre poesía le dan vueltas a esos temas y ellos, como planetas, le siguen dando vueltas a la poesía.
Vemos así cómo una variante singularizada, enriquecida y confesional de aquel concepto, se ha convertido en la estrategia de aproximación a la poesía, en uno de nuestros grandes hacedores de la palabra. Esencia y conciencia de un devenir han mostrado su cuerpo y han encarnado en el suceder, en la historia, curiosamente viajando de un cuaderno de anotaciones a otro. La definición martiana ha ensanchado y, por qué no, diversificado sus cauces en los juicios aquí esbozados, pero también ha mantenido su cardinalidad.
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