

Se está arraigado cuando se trata de resistir. Este aserto de Henri Michaux me convida y me sirve de estímulo para adentrarme en la obra de uno de los poetas más prolíficos de mi generación, de un creador que deja al auditorio conmovido y dando palmas cuando lee, y, curiosamente, uno de los menos estudiados por la crítica. Me refiero a Reynaldo García Blanco. Hablo de arraigo y resistencia pues su poesía, de hermosos textos memorables, de alabanza a la patria,[i] ha reflejado distendidamente en sus últimos libros, con un lenguaje irónico, aparentemente ligero y rejuego coloquial, propio de la antipoesía, conflictos insalvables de nuestra sociedad, como es el caso de la falta de espíritu crítico a todos los niveles, y la necesidad de ver al hecho de practicar la crítica no como una ofensa al sistema, sino como algo utilísimo, si queremos que mejoren sus desaciertos:
Ese gran pudor shegeliano que nos ronda Antes de entrar a la clase de Filosofía Nos quitaron el Winchester Y las ganas de polemizar. Me sentí soldado raso Como un Aristóteles cualquiera Que le faltan tres días para el cobro. Entonces me acuerdo de Buda Y aquello de que los carpinteros dan forma a la madera Y que los flecheros dan forma a las flechas Y que los sabios, mejor dicho, los soldados rasos Tienen que darse forma a sí mismos. Favor devolverme el Winchester.
En tal sentido en toda su obra se aprecian las influencias de la antipoesía cultivada por Nicanor Parra o Roque Dalton, hasta el punto de que estos autores y otros afines son mencionados en el cuerpo o en los títulos de los poemas.[ii] Así, entre un tono irónico y simpático, y un uso desenfadado de la cita, acontecen los goznes de esta escritura, donde, a partir de dicha corriente literaria, ubicada dentro de la postvanguardia, que expresa, en sus mejores cultores, las vivencias del hombre masa o el hombre de la clase media en el sistema capitalista, fustiga nuestros males y los desmanes del mundo contemporáneo. Es una poesía que, de un libro a otro, ha ido despojándose del carácter solemne y grave, y ha apostado por desacralizar la realidad mediante un lenguaje cotidiano, burlesco, irónico. Así hay un fundamento y una enunciación ligeros que toman como laboratorio de pruebas a la historia. Es una poesía que sirve para dar fundamento a las dudas y pareceres del ciudadano contemporáneo, donde el afán coloquialista resalta de un texto a otro.[iii] Donde se refleja una contemporaneidad galopante, escindida y mezclada con el afán fanático de las ideologías, o se dibuja la insospechada u oculta gravedad que persigue a la ligereza. Se describe una vida que se organiza inevitablemente alrededor de los poderes político, religioso, la vida del ciudadano de a pie. Esta es una poesía que apuesta por la ingeniosidad, por la asociación inesperada, consiguiendo un poco de humor para el desastre, por una especie de postestimonio donde se ficcionan las vetas de la realidad, en tal sentido el poeta se nos muestra como «el ser que vive detrás delas colinas», algo que sabemos cierto. Lo cual no se limita a nuestra nación cuando aplica los recursos del cine de ciencia ficción al propio elucubrar e imaginar en el poema, donde refleja el peculiar impacto en un país pequeño de los grandes sucesos políticos y científicos del gran mundo, llevados a cabo por países poderosos: la manera, unas veces ingenua, u otras veces impotente, de asumirlo.[iv] En esa tesitura le hace guiños a la idea de Wordsworth de que la poesía es la autobiografía de la conciencia del hombre, y en toda su obra echa mano a lo que para Auden son las claves para escribir: la manipulación de la memoria y de la identidad. Y la cruda realidad económica del país se asume con cierto sentido del humor, en que no falta la nota macondiana, ni el instinto lúdicro que toma como centro lo literario. Se describen atmósferas donde todo está en crisis y en el alma nacional hay desconcierto:
En la casa de los trabajos no tenemos las herramientas suficientes para armar los días que vendrán. Los obreros están cansados de tanto bregar con las tenazas ya oxidadas por las cortas primaveras. Los importadores de metales hace días que no vienen por aquí. Los bichos de luz están de huelga alrededor de los ventiladores de techo. Las naves sombrías han dejado de ser palabreras y ahora respiran cierta quietud. En la casa de los trabajos ni la placidez se puede respirar.
Se intenta apresar el paisaje cotidiano, inmediato de nuestras vidas, lo que es tarea ardua a veces, conseguida con más o menos gloria, y que no impide que algunos textos queden como esos días intrascendentes, o lo que intenta dibujar lo que se va, y hasta algunos otros que interrogarán a la posteridad, que muestran a un ser exasperado y parte de una cadena de tragedias: la del país, la suya, la del mundo, pero en este entramado, como ya hemos dicho, hay instantes novelados del reino que se perdió, de las peripecias del amor, que salvan la cuesta de esta poesía, en su afán de urdir en verso la contemporaneidad. Pero, el poeta, a través de sus textos que recrean el peso del tiempo ido, se levanta, se salva, pues «conecta con estados que de por sí nos privarían del lenguaje y nos reducirían a un sufrimiento pasivo» (Rich, 2019), y demuestra que Reynaldo escribe, como afirmara Brodsky, no tanto por una preocupación por la condición perecedera de la propia carne como por la urgencia imperiosa de preservar ciertas cosas del mundo de uno, de la civilización personal de uno, de la propia continuidad no semántica de uno. El arte no es una existencia mejor, sino alternativa; no es un intento de escapar a la realidad, sino lo contrario, un intento de animarla. Es un espíritu que busca carne, pero encuentra palabras.
Notas de la autora:
[i]Véase su poema «Larguísimo elogio» (en García Blanco, 2002), uno de sus textos más recordados, donde, a diferencia de su último libro Este es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa (2017), recientemente premio Casa de las Américas, se asumían las maneras de lo coloquial, pero con empleo de un mayor número de metáforas, derrochando más nostalgia, sin ironía, con dolor:
Larguísimo elogio Un país es como una novia Uno ama sus precipicios Y todos los días conoce un poco más de sus aguas Una novia es como un país te siembras y no pones en peligro su perfume Y es aquí donde radica el misterio la casa es larga y viene a la deriva. De un machetazo han muerto al bandido que asustaba a bichos y perros que perdían el sentido de ladrar. Yo estoy desde siem- pre en esa foto. Veo flotar la bandera, al parecer le han comido dos puntas, pero es el viento que mezcla las cosas malas con las buenas A la novia le han hecho unos tajos ni el zumo de la verdolaga cura estas diatribas de la guerra Tengo el país a un soplo de la mano y hablo con los héroes Martí dice la palabra exilio y se queda mirando las tablas de mi casa que ya dije era larga y viene a la deriva. Yo sigo en esa foto, me rodean unas frutas, algo milagroso va a caer del techo. Mi padre enseña unas revistas: Este es Máximo Gómez, éste es el Che y los caballos pasan sin otro ademán que poner los puntos sobre las íes o el mapa que cuelga de mi cuarto Cuando la novia no está anochece del país para adentro. Ella no sabe las comidas que hicieron posible al calígrafo que en 1940 mandó postales por encima del mar País Novia, largo y acomodado, te amaso con los dedos y escucho el sonido de los jinetes que ya han puesto los puntos sobre las íes y el mapa no resiste tanta quietud Novia estás condenadas a esos ríos que al llegar a la ciudad son turbios pero inseparables. Te elogio como a este país que me gano todos los días y ya sabrás la circunstancia en que uno detesta la sal y el almanaque Sigues con esos tajos y el mejunje que puede salvar no está en los que al otro lado se retratan orondos y no han paseado por un camino de vaca escapada de los corrales y las mieles Novia hasta los huesos País mío por siempre quisiera para ustedes un larguísimo elogio que diga de la carne el silencio y el metal, abuelos y dictaduras Los amo tanto que los confundo País – Novia Novia – País Éste Mi larguísimo elogio.
[ii] Véanse como ejemplos los poemas «Carta a Roque Dalton», «nicanorparra@terra.cl» y «Gelman salutación», pertenecientes a García Blanco, 2007, aunque este recurso aparece también en el libro recientemente premiado (2017).
[iii]La coloquialidad aflora, incluso, en los títulos del libro premiado Este es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, a veces utilizados como caprichosas «intertextualidades»: «Tenías razón Ernesto Cardenal» (p. 16), «Evstuchenco cae la nieve», (p. 15), «Pensándolo bien, Silvio Plath y tú merecen una mejor resurrección» (p. 21), «Antonio, Antonio, se robaron el oso hormiguero» (p. 43). En tal sentido véase el poema «Dilecto Roque Dalton (Revisitado)», perteneciente al libro Otros campos de belleza armada (2014), donde refleja cómo la vida del hombre común va atada por invisibles, pero poderosos hilos al fanatismo de las ideologías, y otros en que aborda los males cotidianos cantados con ligereza irónica, el desaliento, el desencanto, la incertidumbre ante los males del país, al hombre de a pie con sus miserias, sus misiones, su ética, que, aunque viene de otro tiempo, lo salva.
Léanse los poemas «No hay que exagerar», «Con letra de Gastón Baquero y música de Thelonius Monk», «Mi tío el empleado» y «Mi tío el desempleado», estos dos últimos donde el yo lírico es el propio poeta, todos pertenecientes también al libro Otros campos de belleza armada.
[iv]Consultar en este sentido «Canción en inglés para escuchar en ruso», texto que cierra el poemario premio Casa de las Américas (García Blanco, 2017, p. 55).
Bibliografía:
García Blanco, Reynaldo: Campos de belleza armada, Ediciones Unión, La Habana, 2007.
__________: Este es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2017.
__________: Instrucciones para matar a un colibrí, pp. 15-16, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2002.
__________: Otros campos de belleza armada, Ediciones Matanzas, 2014.
Rich, Adrianne: «Voces desde las ondas» en Hablar de poesía, (40), Buenos Aires, 2019.
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