
Delfín Prats
Su obra busca lo trascendente en la belleza de lo efímero. En ella Delfín Prats canta a la inexplicable y eterna fe humana, que es inevitablemente impulsada por el destello de lo físico, a pesar de que el hombre se deja vencer en ocasiones por un empuje o universo natural del que somos parte y del que pocas veces nos podemos sustraer, el cual ennoblece el error y los peligros del instinto, un esplendor telúrico que nos deshabita y nos permite «ser», o un rapto que vuelve permanente la extinción. El hombre de monte se posesiona de sus tesoros, los que ofrece la vibración de la naturaleza, como tropos jugosos con los que la existencia se confunde o se enmascara, que persiguen repoblar nuestras horas con la belleza de lo efímero, realzando lo que la inocencia y la fe tienen de descubrimiento. Porque hasta el encuentro amoroso o el placer tienen una sombra de filosofía, de paisajes que guardan el estremecimiento de lo efímero. De ahí el viaje en círculo de la sensualidad. Así se convierten en asuntos de su lírica la evocación jovial del tiempo ido, la nostalgia por los que ya no existen, el espíritu vital, ferviente y fecundo de la juventud, la personificación del amor como duende moderno y citadino que huye como un ave en un marco de amarga ironía. Entona para el amor un canto quedo. Sus poemas no cantan a alguien o algo impreciso, cantan a la fragilidad de la vida, «a la inercia brutal de lo imprevisto», donde lo efímero se convierte en concepto desde el cual se teje un pensamiento, en conmoción central que permite todas las eclosiones, todos los sacrificios en los que la vida se acomoda, y se lee esta máxima: que tus actos los decida el templo de la espiritualidad. Por tanto, se convierten en formas de despliegue la evocación trenzada a la intensidad, la sugestión confundida con la sugerencia. El valor de su lírica puede intuirse, más allá de censuras o recuperaciones, si se le contempla cuerpo como materia maravillada, aun cuando vaya «desasido del valor real de las cosas», ser con «el privilegio de la condenación / esa gran llama de fervor/ que alienta el corazón de los que huyen», cantor de la piedra de lo efímero, que desata sus círculos sobre el río.

Datos Biográficos
Delfín Prats Pupo. Nació en Holguín, el 14 de diciembre de 1945. Estudió Filología y Lenguas Rusas en la Universidad Lomonosov de Moscú, en la antigua Unión Soviética. Por muchos años fue traductor de ruso.
Ha publicado:
Lenguaje de mudos (ganó el premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba).
Para festejar el ascenso de Ícaro (Editorial Letras Cubanas, 1987).
Cinco envíos a arboleda (Ediciones Holguín, 1991).
Abrirse las constelaciones (Ediciones Unión, 1994).
Lírica amatoria (Ediciones Holguín, 1994).
El esplendor y el caos (Ediciones Holguín, 2002).
Striptease y eclipse de las almas. (Ed. La Luz, 2006).
Exilio transitorio (Ed. Mantis Editores, 2009).
Premios y reconocimientos
Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Lenguaje de mudos.
Premio Nacional de la Crítica. Para festejar el ascenso de Ícaro.
Aldabón de La Periquera.
Distinción por la Cultura Nacional.
Premio Maestro de Juventudes, 2009; máximo galardón que entrega la Asociación Hermanos Saíz (AHS) a personalidades que constituyen ejemplos para las jóvenes generaciones.
Premio Nacional de Literatura 2022, considerado el más importante galardón literario de las letras cubanas.
Selección de poemas
Humanidad
hay un lugar llamado humanidad un bosque húmedo después de la tormenta donde abandona el sol los ruidosos colores del combate una fuente un arroyo una mañana abierta desde el pueblo que va al campo montada en un borrico hay un amor distinto un rostro que nos mira de cerca pregunta por la época nueva de la siembra e inventa una estación distinta para el canto una necesidad de hacer todas las cosas nuevamente hasta las más sencillas lavarse en las mañanas mecer al niño cuando llora o clavetear la caja del abuelo sonreír cuando alguien nos pregunta el porqué de la pobreza del verano y sin hablar marchar al bosque por leña para avivar el fuego hay un lugar sereno y recobrado y dulce lugar
***
lenguaje de mudos siempre nosotros apresurados vistiéndonos a tientas acariciando nuestra piel adentrándonos en nuestra temible verdad afeitándonos comiendo calculando las fechas la proximidad del año nuevo un posible viaje a Varadero con los amigos atemorizados frente al espejo vacío ante la posibilidad de que alguien nos sorprenda (deseando dolorosamente que alguien nos sorprenda) en esta batalla sin tregua contra la adolescencia que nos abandona (cómplices también de los adolescentes apañadores a toda prueba de sus intenciones más subversivas en la clandestinidad evidente de sus melenas —dejando crecer también nuestros cabellos— amigos hasta la saciedad de sus señas de sus discursos entre dedos mirándonos en el azul sin condición de sus camisas en la presencia de sus collares de santajuana y de sus amuletos de madera pulimentada y cáscara de coco identificándonos con ellos) dejamos escapar nuestros discursos nuestras interminables sentencias que no repetirán parapetados tras el único lenguaje posible por ahora: la elocuencia aprendida de los gestos la frustración a simple vista de sus maneras y sus posturas importadas lenguaje de mudos que no les pertenece siempre nosotros tomando el ómnibus atravesando la ciudad y el miedo atravesando la ciudad y el miedo nuestros pulmones llenos de nicotina frotando con cera nuestro rostro como si no fuera posible demorarse un poco más en el baño continuar la lectura del libro que interrumpimos anoche escribir a la madre
Saldo
Entren amigos tomen asiento entre mis pertenencias
las que no me pertenecen más que a ustedes
sus melenas copiosas no tengo nada que brindarles
como en otro tiempo leche pan viejo o alguna que otra
tibia palabra que roer como ven
las cosas han cambiado mucho
ustedes están muertos hace unos cuantos calendarios
yo tuve un poco más digamos de destreza
con las enfermedades de los primeros años
pero créanme no es ninguna ventaja
estar aún del lado de los vivos
gozando de sus escasos privilegios
(estar de nuevo con ustedes
en el portal imaginario de la casa donde convivíamos
donde aún aguardamos el café de cada tarde
no sin cierta amargura reciente y viva como un muerto)
viejos amigos cómo lamento esta falta de todo que ofrecerles
mi ignorancia y un poco de impotencia
por las cosas que ocurren por ahí (se ha hablado
mucho de la guerra del genocidio y de cierta probabilidad
de exterminio parcial o total de la especie humana) pero hablen
cómo les va sin nadie cómo les va en la nada
sin tener que pulirla para ligar un hueso
cuando ya no hace falta romper la noche
con un tremendo aullido
no hemos tañido alguna vez bajo otra carne
entre ruidosos argumentos que nunca trascendieron
nuestra materia cerrada por el tiempo
qué bosque no anduvimos tomados de los sueños
por hongos y por fresas silvestres
mientras la noche tiende su exilio transitorio
sobre la hoguera altísima ardiendo de los cuerpos
No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz
No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz. Ese mar de las arenas negras donde sus ojos se abrieron al asombro fue sólo una invención de tu nostalgia. Extraviado en medio de la noche no puedes recordar; has perdido los senderos del sueño y despiertas buscándola en el ocio y el juego de los soldados y su lengua, extraña a tus oídos, había sido para ella un descubrimiento en este día hecho para crecer en la memoria de ambos como las montañas que entonces los rodearon. Di adiós a los paisajes donde fuiste feliz. Vive la plenitud de la soledad en el primer instante en que asumes la separación, como si ya su estatua en ti elevada por el amor, para la eternidad fuera esculpida contra el cielo de aquella isla, contra sus ojos, más grandes y más pavorosos que el silencio.
Visitas: 41






Deja un comentario