
Jorge Osorio Naranjo
En esta poesía el hombre es como un rey que duda de su cetro, y la vida como un cruel misticismo que proclama la unidad del universo y su constante flujo. Se percibe un aliento filosófico que le busca metáforas a la herida. El cetro está en el reconocimiento que viene con la duda, en el reconocimiento que se hace de lo efímero o del «notorio velo de un desencuentro». Se percibe el salto hacia una imagen que esplende con avidez de vida desde el desequilibrio, aunque sabemos que «la poesía es, pues, un estado de alerta aliado al vasto movimiento del mundo» y que «dentro del tiempo es el hombre quien habla». Asistimos al choque metafísico entre el deseo y el sueño, y su desembocadura en la cruda realidad donde el hombre es su propio abismo y la naturaleza es la medida de todas las cosas, en una poesía que privilegia la metáfora y la condición extraña en la enunciación del discurso.

Datos del Autor:
Jorge Osorio Naranjo. La Habana. (1968). Poeta y narrador. Ha publicado los poemarios Crónicas (2001), Vuelta a las zonas desérticas (2013) y Las extensiones (2019). Recibió el Premio Nosside Caribe y el Premio Pinos Nuevos.
Selección de poemas
El ser que sustento —impecable
cabeza en la trampa baja
en el conteo de la masa empobrecida—
recordé la punta de los pies aire arriba
durante todo el columpiar de mi infancia
sentado en el abismo interminable
recordé la punta de los pies aire arriba
durante todo el columpiar de mi infancia
….
Besé la caja negra, la órbita que me conduce a esa caja
(las mañanas son rápidas incorporaciones).
Todo retorna con sus heces.
Los comentarios di vi san.
Besé la caja negra y los clavos entraron, un basto encuentro.
La noche no es dolor no es bando de nadie. Solo el
baño que silencia una etapa y salta otra.
Las juntas permiten el poco aire que existe a esa hora.
El hombre —su bestia— es un desfile
de tímidos reencuentros, su cumbre, su medida.
….
Por cierto, honor.
Me han nombrado Padre de mis actos.
Dejé la vulgar imagen.
Entré al reducto: Literatura,
luego de tantas definiciones…
En mi supervivencia hablé de la avena.
Encerrado en un cuerpo.
Encerrado en un cuerpo que estalla.
Quizá por la similitud con la flor.
En mi nada claro.
Dejo que fluya intuición. No desdeño.
Y escucho el correr de la muchedumbre
como un río en el que hundo las manos.
Los olmos
Se hunden los anillos en las hachas. Se suben a los riscos. Elevan hondonadas. Los olmos encendidos, navegadores. Como un hombre tendido. Como un hombre acechante. Quiebran las hachas y resguardan su edad. Quiebran la tierra y se asientan. Por allá, lejos, va un viejo que los aires. Un viejo, viejo como un olmo, con el cuerpo cargado hacia adelante. El brazo anilla. El hacha se le salta cuando llega a los olmos. Ah, los olmos tremendos. Ah, terciados sobre el hombro.
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