
Leonardo Sarría
Esta es una poesía antropológica donde el hombre es un ser que se levanta entre memoria y costumbre, o bajo el manto de las religiones, que es como vivir en un río de su propia agua o en una poesía que, al cabo y como tal, la desconoce. La poesía es el arte que permite celebrar la honestidad de las cosas que vemos, y su lugar es imprescindible pues autoriza conocer de otra manera los variados materiales que todo el mundo ya conoce, y por ello sus obligaciones son consigo misma.[i] Esto pude recordar leyendo a Leonardo Sarría en cuyas páginas se nos muestra a la religión como drama humano en que los objetos y los seres están bordados en una liturgia que viene de una leyenda, y se persigue mantener lo sublime en un sentido contemporáneo. Así en los paisajes filosos de la liturgia confluyen sacrificio, fábula y tragedia. La fuerza de la liturgia devela la senda macabra del destino. Es que hay otro paisaje detrás de la liturgia, uno mágico–poético y antropológico en que las prácticas religiosas llegan a constituirse en visiones, donde la magia se separa de la religión, donde lo poético es una esencia humana, donde «el único criterio de una acción es su efecto último en la felicidad o infelicidad de una persona»[ii]. Se percibe lo que hay de poesía en la experiencia religiosa, y lo que hay de realidad en el arte, objetivando y trascendiendo a un tiempo las líneas del arte y las de la realidad. Asciende entonces lo humano de la fe ante la precariedad de la existencia del hombre en medio de la armonía y gravedad de las ceremonias, donde ocurre el cruce cultural e intertextual de referencias pictóricas y religiosas,[iii] donde es casi una cosmogonía pensar que tu respiración depende de los dioses y los muertos; y las maneras en que la religión contradice la naturaleza humana: frente a la reacción litúrgica el instinto humano que oculta la pasión antropológica y muestra el apego al pasado, frente a la reacción litúrgica el drama humano de apartarse del absurdo donde la religión es un acto de subjetividad espiritual. Por viajes de la religión a la magia y de la magia a la religión nos conduce la persona poética en un gesto atenido que percibe la profunda dramaticidad del suceso, la teatralidad de lo relatado. Así pasan ante nosotros designios, contemplaciones, atavismos en los que asistimos al cuestionamiento de la fe y la liturgia, y a la vez a su asentimiento, al cuestionamiento de los buenos deseos y la piedad, al drama humano de la religión erigida dentro de la razón. Aquí se repara en la fe y sus liturgias como espacio dramático donde se unen magia, poesía, destino y bien, a predecirse en la esperanza, en el futuro, concebidas en un rito no solo mágico sino teatral en maneras, casi himno.[iv] El poeta demuestra una vez más que «su lírica se caracteriza por la sobriedad, el culturalismo y una mirada existencialista […] por la continua referencialidad de su obra; […] el autor logra esquivar los desfiladeros con una escritura que es tanto inteligente como sensible, que es racional y a la vez intuitiva».[v] El poeta logra aquí el tono de su tiempo, y nos coloca ante el arte latente de la poesía, en lo que acertó desde el principio.
Datos del autor

Leonardo Sarría (La Habana, 1977). Poeta, investigador, ensayista y profesor universitario. Ha dirigido varias publicaciones periódicas y ha merecido en más de una ocasión el Premio de la Crítica Literaria (2011, 2018 y 2019) y el premio de investigación de la Universidad de La Habana (2008, 2009 y 2013). Licenciado en Letras (2005) y Doctor en Ciencias Literarias (2011) por la Universidad de La Habana. Autor de los poemarios Las horas convocadas (Ediciones Extramuros, 2003) y Esenio (Premio Calendario, Casa Editora Abril, 2004) y Otro cuaderno de poesía blanca (Editorial Casa Vacía, Richmond, Virginia, 2022). Ha publicado, asimismo, Del donoso y grande escrutinio del cervantismo en Cuba (coautor de selección de textos críticos) (Editorial Letras Cubanas, 2005); Golpes de agua. Antología de poesía cubana de tema religioso, dos tomos (selección y prólogo) (Editorial Letras Cubanas, 2008); (Des) articulaciones. Premios de Poesía La Gaceta de Cuba (2000-2010) (selección y prólogo) (Ediciones Unión, 2012); La palabra y la llama. Poesía cubana de tema religioso en la Colonia (Editorial UH, 2012, 2014, edición corregida y aumentada); María Zambrano, por los claros del bosque, de María Zambrano (coedición) (Editorial Arte y Literatura, 2014), Devocionario nuevo y completísimo en prosa y verso, de Gertrudis Gómez de Avellaneda (edición y prólogo) (Ediciones Boloña, 2014), Epistolario de Julián del Casal (Editorial UH, 2018) y Raros y valiosos de la literatura cubana decimonónica (Editorial UH, 2019).
Selección de poemas
Las estancias
Aquí la puerta por la que el hombre entra y sale de sus años; el espejo, la pared: adiestrados para interrogarle la memoria. Aquí los butacones donde soñar es un destierro grato. La mesa, el candelabro, el librero, la taza, los mosaicos. Esta es la estancia, las estancias que el hombre alquila, compra, arregla como intentando quedarse para siempre. …. Ébano, Cristo ébano, deshecho para morirte en cruz, al fondo del retablo, sin más luz que de vitral y techo. Tú también sufres, como el Dios, la afrenta del hacha en la madera y —como el Dios que enmudecido espera—, no llevarás la cuenta. Ébano, sangre suya, del preciado cuerpo que eres ahora, mana despacio y agua redentora rueda de ti hacia ti, árbol clavado. ….
Cuarto de prenda
Como en el teatro, matojos y aves pintadas representan en el cuarto un adentro de monte. Solo unos gajos, la vigilancia al óleo de una lechuza, la ocre luna en la pared de fondo y se está ya en la noche de los susurros —buena noche. Basta la representación para que inicie la vivencia; la metonimia o la metáfora, que aquí son realidad (la retórica es cosa de incrédulos), para que el hueso hable. Por sobre el trajín de la cocina y cualquier otra contigua distracción. Como en el teatro, disolviendo las propias dimensiones de la escena.
….
Oddun / persona
Entre el oddun y la persona comienza con la revelación un sigiloso forcejeo. El parto de la materia, del camino, del nombre, que se tejían en la médula como incorpórea posibilidad, abre una grieta. El iniciado palpa la profecía y se transforma en intérprete de sí, suma al signo las minúsculas letras de su ser, rastro y bruma, pero – sospecha- algo exclusivamente suyo, no de ninguno de los doscientos cincuenta y seis, suyo a solas, fuera del habla de las nueces, resiste. Aliento, carne o nervios, desea seguirse llamando como antes, solo que el agua oscura del oddun gotea precisa y calma.
[i]– Eduardo Espina. “El lenguaje es la escritura (¿Para qué escribir poesía?)” Revista Texas A & M University, p. 2.
[ii]– Susan Sontag. Renacida. Diarios tempranos. 1947 – 1964, Mondadori, Barcelona, p.1.
[iii]– Véase el poema “La cena”, p. 24.
[iv]– Ver el poema “Okana Sodde”, p. 29.
[v]– Yoandy Cabrera. Equívocos. Poetas cubanos a inicios del siglo XXI. Editorial Kýrne, Universidad de Rockford, p. 178 – 179.
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