
Quienes trabajamos en el sector del libro saben que nada tiene sentido del todo si no hay una persona al otro lado que lo va a disfrutar, que va a ir a la librería y va a elegir esa novela o va a apostar por ese ensayo para nutrirse.
Y esto en Argentina lo tienen clarísimo, donde celebran el Día del Lector cada 24 de agosto en honor al nacimiento de Jorge Luis Borges. El objetivo de la jornada es promocionar la lectura como actividad y ayudar a la difusión de las letras, a la vez que se reconoce la figura caudal de Borges en la proyección de Argentina dentro del panorama literario internacional.
Decía Ernest Hemingway: «jamás habrá amigo más fiel que un libro». Y no se equivocó, aunque la competencia con los perros sea innegable. Hoy con la diversificación de formatos del libro es posible llevarlos a cualquier lugar. Bastará el celular para llevar una biblioteca a dondequiera que vayas.
Los beneficios de la lectura van más allá del entretenimiento y el uso útil del tiempo libre. Leer favorece la capacidad de comprensión, el poder de síntesis y la imaginación. Además mejora las habilidades comunicativas, pues permite hablar y expresarte de una manera más fluida. Además, también te permitirá escribir con corrección ortográfica. Unido a ello leer ayuda a crear empatía y a desarrollar una mente abierta. Su impacto positivo en la salud es innegable: leer disminuye los niveles de estrés, mejora la calidad del sueño y disminuye el riesgo de padecer Alzheimer.
El Día del Lector fue instituido por ley en 2012 con el objetivo de promover la lectura como hábito cultural y, a la vez, celebrar la figura del lector como protagonista de la vida literaria. No es solo un tributo a Borges, sino a todos los que, con un libro en las manos, construyen mundos propios.
Durante esta jornada en Argentina, las librerías, bibliotecas y centros culturales en todo el país organizan actividades: lecturas colectivas, encuentros con autores, maratones de lectura y campañas para acercar libros a comunidades con acceso limitado. La fecha también se ha convertido en un momento clave para resaltar la importancia de las políticas públicas de fomento a la lectura.
Así, cada 24 de agosto Argentina recuerda que la literatura no es solo patrimonio de quienes la escriben, sino también de quienes la viven, la reinventan y la comparten. Porque, como decía Borges, «uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído».
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