
El estilo en los Diarios de campaña de José Martí es analizado en el estudio «La modalidad impresionista en la obra de José Martí»[1] de Isis Molina de Galindo, publicado en 1972. Aunque es un ensayo que profundiza en la impronta del impresionismo en el estilo de Martí, sí se dedican varias de sus páginas a describir el tipo de imagen empleada dentro de los Diarios de campaña.
La ensayista refiere que un solo elemento de la realidad —la luz— había sido seleccionado por el pintor impresionista para interpretar la naturaleza. Martí se apropia de este elemento a la hora de conformar la prosa de sus Diarios, y sigue el principio que reza que la sombra no puede ser carencia de luz, sino luz de otra clase. Esto se aprecia en el tratamiento de la dicotomía sombra – luz. Opina que en los Diarios, aunque «las imágenes de calidad artística que constituyen una corriente poética disminuyen, allí asoma la flor de la imagen pictórica, el instante en que la emoción enciende la realidad contemplada y sentida como una maravilla: “Como un cestón de sol era Petit Trou aquel domingo”.» (p.82)
Habla de símiles iluminativos y símiles de afectividad reunidos, por ejemplo: «oigo la música de la sierra compuesta y suave como de finísimos violines». Se refiere a la naturaleza de la metáfora impresionista donde predominan los elementos sensoriales que la estructuran, especialmente los visuales: la luz y el color, su tono sugerente y el lirismo de su contenido. Ejemplo: «Salimos con el oro de la tarde». Se metaforiza con espontaneidad innata el tiempo y el instante mismo en que la luz se intensifica para desaparecer. La estudiosa refiere al final del ensayo los elementos que Martí toma del impresionismo, que son, según ella:
-Sentir el mundo más que pensarlo.
-Dejar que el arte brote de la expresión noble y sincera.
– Exigir la técnica pictórica para el escritor.
– Escribir partiendo del contacto directo con el modelo y la naturaleza.
-Ser todo ojos penetradores y saber percibir hondamente en la vida, el hombre y el lenguaje.
– Enaltecer la sensibilidad y los sentidos como vías conductoras de la grandeza y lo subliminal de un universo gozoso, dinámico, analógico, visible, audible y tangible.
– Perseguir el instante de la emoción en su dimensión artística para extraer el alma de las cosas. (pp.114 – 115)
Al estudio del estilo igualmente, mezclado al afán de remarcar la trascendencia histórica y cultural de los Diarios de campaña, dedica su ensayo «Conciencia y revelación de la campaña» [2], publicado en 1996, por Mayra Beatriz Martínez, una de las más dedicadas e importantes estudiosas de esta obra de Martí en los últimos veinte años, quien ha llevado a cabo también ediciones cada vez más fieles al original, y ha señalado, según Osmar Sánchez, varias funciones a la plurivocidad distintiva de los textos, como la recuperación de detalles del acervo tradicional y el rescate de un buen número de sagas humildes o desconocidas. Este sugerente análisis es el prólogo a una edición crítica realizada por la autora, de los Diarios martianos.
En él la investigadora afirma que los Diarios constituyen una ruptura con su literatura anterior porque erigen una respuesta cualitativamente nueva, propiciada por un espacio psicosocial también naciente, y por tal razón hay un cambio del ritmo narrativo en el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, donde se abandonan las sustanciosas digresiones, y rezuma la cadencia de la propia vida que transcurre, gracias al manejo conveniente de la fluidez y la ruptura, lo cual dota a los Diarios de evidente estructuración dramática. En lo inusual del estilo de esta obra de Martí juega un papel preponderante, según la ensayista, las enumeraciones que son el fundamento estructural y conceptual más sólido de su discurso de identidad. En el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos la palabra no disfruta del pensamiento, ni adjetiva lo real, sino que ejerce el goce de la corporeidad, a lo que yo llamo que la poesía está encarnando en la realidad.
Los Diarios, afirma Mayra, poseen categoría de código estético, de materia de poesía, y representan la entrada verdadera de nuestra literatura en la dimensión de lo cubano. En este ensayo la autora lleva a cabo, también, la historia de los avatares del manuscrito, estudia la importancia de la mención de la miel en los Diarios, que llega a constituirse en un signo consustancial de la vida, instalados en la ritualidad del hombre promedio, al que lo acompañan otros signos como la ubicuidad del árbol, la presencia particular del hombre y la mujer, ámbitos contrapuestos del día y la noche, la presencia de las aguas –de mar o de ríos– como obstáculos o vías, todo formando un código cultural bien precisado.
Al estudio del estilo de su prosa se dedica igualmente «Un diario que dura más de cien años»,[3] de la autoría del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, que es el prólogo a la edición de los Diarios de campaña que Galaxia Gutenberg publicó en 1997. Aunque es tendencioso su acercamiento, haciendo partícipe a Martí en su vuelta de un destino de exiliado a carta cabal que nunca se reconcilia con lo suyo, es la mirada de un escritor en la que son ineludibles los aciertos. Se refiere así a la grandeza de los Diarios: «Pero Martí, ya lo sé, plantea más problemas que problemas resuelve». Considera a los Diarios su obra maestra. “«s una despedida al inicio de una gran despedida», en la que su aparente simplicidad es densa y vibrante. Y para decirlo se ampara primero en la idea de que la escritura de Martí es el aparato barroco, conceptista y elocuente más poderoso que ha producido la literatura en español desde Quevedo.
Luego de caracterizar su prosa advierte la urgencia contagiosa de toda ella, y que todo lo que tocó, lo convirtió en prosa pura. Esa prosa es el hombre. José Martí es hombre hecho de prosa, que según Cabrera Infante es parca pero lujuriante como la vegetación del trópico, brillante como los machetes mambises, y está fijada en la historia de la literatura. De esta prosa y de los Diarios termina afirmando que con su escritura, el artificio de la literatura es más creíble que la naturaleza.
Al estudio de los sistemas paradigmáticos y sintagmáticos de la prosa de los Diarios de campaña dedica su relevante libro Martí ante sus diarios de guerra, José Massip, director del documental Páginas del Diario de José Martí,[4] pues han sido construidos con sobredosis de significación y saturación semiótica.
El ensayista afirma que en los Diarios Martí demuestra ser el espíritu más avanzado de una época –lo que Hegel llama Zeitgeist: «Yo vengo de todas partes/ Y hacia todas partes voy / Arte soy entre las artes / Y en los montes, monte soy»; además de lograr una visión de lo universal por conducto de una visión de lo particular del mundo, donde ocurre una percepción poética de lo que le rodea que consiste en la misteriosa transformación progresiva mundo- real a mundo idea, a mundo–poesía, que suele sufrir todo poeta, donde las cosas y los fenómenos son percibidos como una sucesión de imágenes cromáticas que él considera deudoras del impresionismo parnasiano y de la experiencia subjetiva–, los Diarios se sumergen en lo cotidiano prosaico como si se tratase de lo cotidiano poético.
Este importante libro está compuesto por seis ensayos titulados «Contingencias eróticas por los caminos de Montecristi a Cabo Haitiano», «Algunas consideraciones sobre el minimalismo en los últimos diarios martianos»,[5] «Masabó; una disección diegética», «El mármol de los mármoles», «Últimos instantes en la vida de El Brujito» y «Caminos hacia una hermenéutica del último de los Diarios de campaña».
Los textos profundizan a carta cabal en los aportes de Martí en los Diarios en cuanto al estilo de su prosa poética, ya sea por las cualidades de la imagen o por las innovaciones en el plano narrativo. Particularmente, el ensayo dedicado al minimalismo apela a la modernidad de los Diarios y abunda en sus fundamentos, trayendo a colación el concepto de minimalismo perteneciente a John Barth. Massip cree que Martí pudo haber bebido el gusto por el minimalismo a través de su estudio del estilo de Gustave Flaubert, apreciables en numerosas observaciones incluidas en la obra del cubano, y propone un tema de investigación novedoso: el estudio del minimalismo en la prosa de madurez martiana, que se halla cada vez más presente en la medida que su ideología política se hace más trascendental.
Alega que su minimalismo no sólo debe ser achacado a que se mueve rápido y está en la guerra, porque ya en las Escenas Norteamericanas había tomado conciencia de la necesidad de ese estilo y su aptitud y cualidad estética para describir sucesos y personas. Sitúa como una de las manifestaciones del minimalismo en los Diarios de campaña la presencia de un «cromatismo adjetival brusco y preciso», y afirma que el minimalismo consiste en un equilibrio entre creación y desarrollo narrativo de los hechos, donde se activa la participación de la regla excluir – incluir, necesaria para la supresión de lo superfluo atribuido al arte cinematográfico, donde ocurren operaciones con tropos sutiles y austeros, y concreciones de alta densidad semántica, como cuando Martí al referirse a un bosque, describe las especies de sus árboles, en lo que podría calificarse como método descriptivo de sinécdoque persistente seriada, donde cada árbol es árbol – bosque.
Culmina su aportador ensayo refiriéndose a los valores sociohistóricos de los Diarios donde el Diario de Montecristi a Cabo Haitiano puede ser considerado como una enciclopedia abreviada del subdesarrollo finisecular latinoamericano de anteguerra siglo XIX, y el Diario de Playitas a Dos Ríos como su corrección violenta, revolucionaria, por la Guerra.
En el resto de los ensayos se aborda la presencia en los Diarios de dos mininovelas maestras: Don Jacinto y El General Corona, tan delineadas que el estudioso ha tenido a bien ponerles título, y de más de una docena de excelentes minicuentos, así como la diferencia entre los Diarios de campaña y las Escenas Norteamericanas, que consiste en que en las Escenas se evoca, y en los Diarios de Martí se abordan, como si fuesen opus autónomos, los registros cotidianos de una realidad que en su transcurrir era siempre inesperada y sorprendente. Massip sitúa el aporte de Martí al arte narrativo en esta obra en el respeto del principio de «Show, don’t tell»: «No lo diga, muéstrelo», esbozado por Henry James, y que Aristóteles en Poética III anticipó con la máxima de que el ethos de los personajes depende más de la descripción de las acciones, que de la descripción de las cualidades; en el contraste entre la profunda significación y la sencillez del nivel sintagmático; en el seguimiento del concepto de contrapunto de Hegel que se manifiesta en esta prosa, porque estos Diarios pueden ser leídos con la doble visión del ojo real y del ojo de la mente, es decir el ojo de la razón y el ojo poético.
El empleo del minimalismo por parte de Martí se basa, según Massip, en la auscultación apasionada del mundo-Cuba. Por un lado la paisajística, por el otro, el corpus literario constituido por los retratos más trascendentes desde el punto de vista ético–estético, y se manifiesta en los relatos como poesía gracias a la concisión imaginativa con tropos radiantes y el inevitable laconismo.
En ellos Martí se nutre de dos vertientes genéticas, una, la flaubertiana, representada por el funcional uso de la «must juste» y la de una técnica compresora del caudal semántico, parecida a lo que Freud identificaba en la elaboración semántica del chiste. Debido al uso del minimalismo la trama está signada por un acontecimiento no ficticio, aunque la composición de la misma en el discurso diegético posea carácter ficcional. Lo que nos hace recordar la idea de Nora Catelli de que los diarios, como género, no llegan a ser ficción pero sí artificio.[6] Así testimonialidad y ficcionalidad al quedar anudados en el estilo minimalista, propician que, en los relatos, la autenticidad de la información y la belleza de la poesía se integren con más energía en la percepción ética del destinatario. Porque aquí el destinatario es un dialogante activo con la obra, pero, asimismo, con el autor porque la obra es el producto común del artista y del lector, como ha sostenido Ingarden.
Este último hecho señalado ayuda a explicar el carácter imantado de los Diarios. La agudeza y profundidad del libro de Massip da la medida de la trascendencia y excelencias literarias que poseen los Diarios de campaña.
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Referencias
[1]– Isis Molina de Galindo. “La modalidad impresionista en la obra de José Martí”, Anuario Martiano 4, La Habana, pp. 51 – 115.
[2] – Mayra Beatriz Martínez. “Conciencia y revelación de la campaña”, en José Martí. Diarios de campaña, edición crítica cotejada según originales. Presentación y notas MBM y Froilán Escobar, Casa Editora Abril, La Habana (edición ilustrada), 1996, pp. 9 – 18.
[3] -Guillermo Cabrera Infante. “Un diario que dura más de cien años”. (Prólogo). Diarios de campaña. Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, pp. 7 – 22. Refiere que sus Diarios de campaña terminan no con la nota abrupta del que va a morir, sino en una calmada descripción de la vida en el campamento mambí: “Asan plátanos y majan tasajo de vaca, con una piedra en el pilón, para los recién venidos. Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre, – y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo.” Disiento de tal afirmación. No es tan calmada la exposición, es premonitoria, y va diciendo con lo que hay detrás, con lo que se avecina finalmente.
[4] — José Massip. Martí ante sus diarios de guerra. Ediciones Unión. La Habana, 2012. El autor (1926 – 2014) fue un cineasta, ensayista y crítico de teatro, cine y literatura cubana, y fundador del ICAIC.
[5] – Este ensayo se publicó primero que el libro en 1995 en Casa de las Américas, n. 201, oct. – dic., pp. 107 – 113.
[6] -Nora Catelli.” Pruebas de haber vivido. Los Diarios y la Carta al Padre de Franz Kafka”, en Franz Kafka. Obras completas, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000, p. 31.
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