
En año tan temprano como 1951, Andrés Iduarte dedica en su meritorio libro Martí, escritor un acápite a los Diarios de campaña y las cartas de José Martí. Se refiere a la complejidad emocional de los Diarios, los clasifica como «despojamiento o despojo de amontonamiento de ideas que quieren salir juntas, muchedumbre de sentimientos que pugnan por adelantar todos a una», y a que las cartas también constituyen un diario íntimo y político como el que escribió al mismo tiempo en Santo Domingo, Haití y Cuba.
De los retratos afirma que Martí pinta de cinco trazos a sus hombres. Devela que la singularidad del estilo radica en la intensidad y eficacia literaria de dicha obra, cualidad que también poseen las cartas. Iduarte considera a los Diarios de campaña de Martí su mejor obra porque está cumpliendo con su deber. Igualmente sitúa antecedentes de los Diarios en la propia obra del escritor:
Como precedente de esta prosa honda, suave y feliz, pueden recordarse los relatos que publicó en Patria en 1892 y 1893 con los títulos «El 10 de abril», «Recuerdos de Guerra». De igual tipo es «El Teniente Crespo. Sobre recuerdos del General Carrillo». Todos son recuerdos de una épica sin atropellamiento, maridada a una lírica sin angustia.
También como «suma concisión dentro del estilo de Martí» considera a los Diarios de campaña José Rodríguez Feo, crítico literario, ensayista, traductor y editor cubano, vinculado a la Generación de Orígenes. Así lo reconoce en una reseña que escribe a la edición primera que publica los dos Diarios como uno solo en 1956. Porque para él los Diarios son también clave y ejemplo de un modo de ver y sentir lo nuestro. En dicha reseña su autor también valora el ensayo «José Martí» de Fina García Marruz, que se incluye en esta edición como prólogo.
Feo afirma que Fina en dicho estudio señala la huella de la tradición española en los Diarios, que según el crítico consiste en «fijar la mirada en lo íntimo, en lo personal, en lo excéntrico de cada hombre». (p.87) Cree que Martí es un poeta del tiempo y de lo concreto real en contraposición con Casal y Heredia (que pertenecen a lo espacial y lo más íntimo); y que en su preocupación latente con el tiempo y la muerte es que vemos la modernidad de Martí, así como su redescubrimiento de una manera de ver y fijar el mundo de las cosas, que se remonta a la gran tradición española. Esta sagaz afirmación ha sido la tesis de varios ensayos posteriores correspondientes a la década del 70, 80 y 90 sobre el tema de la obra literaria de Martí de ilustres firmas, entre ellos el ensayo de Fina García Marruz «El tiempo en las crónicas norteamericanas».
A señalar también el peso de la gran tradición española en la escritura de los Diarios de campaña se dedica el importante estudioso canario radicado en Estados Unidos Manuel Pedro González en 1960 en «Introducción. Evaluación de la estimativa martiana» de la Antología Crítica de José Martí. Afirma que es un paisaje digno de Fray Luis de León o de San Juan de la Cruz, por la emoción lírica y el éxtasis de filiación neoplatónica, y que los mismos no se escribieron para ser publicados. Los caracteriza al afirmar que son espontáneos, familiares y sinceros. Aunque no falta la nota íntima y hasta el rapto lírico en contadas ocasiones, por lo general son descriptivos y realistas.
Los concibe como prolongación de la carta amistosa y familiar, y les reconoce manifestaciones expresivas y hasta procedimientos de composición de gran originalidad y belleza, donde encarna la patria a través de la naturaleza y el paisaje. Advierte igualmente «un tácito presentimiento de muerte, una premonición de que aquel era un viaje sin retorno», la presencia de un acento de despedida, de adiós definitivo, mudo, pero virtual, por más que Martí no tuviera conciencia del hecho.
Uno de los trabajos más originales y concienzudos dentro del tema del estudio del estilo en los Diarios de campaña de José Martí lo constituye el escrito por Claude Bouchet-Huré denominado «Las últimas notas de viaje de José Martí. Algunas observaciones sobre su estilo», que ve la luz en 1969.
Es un aportador y preclaro ensayo sobre las peculiaridades estilísticas de la escritura de los Diarios entre los que señala la utilización del procedimiento de manifestar el efecto antes que la causa, muy a tono con lo que él juzga esencial: en los hechos el resultado, y en las ideas la conclusión; el empleo de la técnica pictórica en la economía de la frase y de construcciones impresionistas; la riqueza y originalidad en el uso del ablativo, que consiste en el empleo de ciertas preposiciones que le permiten introducir complementos rápidos, menos embarazosos que las subordinadas: Ejemplo: «Salimos con el oro de la tarde», «Le adivino leal, de ojo claro de asalto»; y predominio de la frase nominal y del verbo en los Diarios.
Sitúa en el centro de interés de Martí al interior de los mismos en los paisajes, en los retratos de todos los que encuentra y sus conversaciones, en la flexibilidad con que pasa de un tipo de discurso a otro, en lo inusual del empleo de los signos de puntuación, la persistencia y moderación de la adjetivación. La ensayista refiere la manifestación de una voluntad de arte por parte de Martí, quien como escritor no pudo evitar emplear la lengua literaria con originalidad.
La estudiosa de la literatura, discípula de Charles Aubrun (1906-1993), hispanista francés, en la Sorbona puso de relieve el empleo que se hacía en los Diarios del estilo directo, indirecto, e indirecto libre dentro de una misma frase […] lo cual incrementaba considerablemente la complejidad y la polisemia de los respectivos pasajes. Demostró la existencia de formas métricas en el interior de la prosa e indagó cómo Martí había creado no solo «proverbios en potencia», sino también verdaderas «consignas de lucha» mediante el empleo de frases nominales o determinadas construcciones oracionales breves. (p. 226)
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