
En trabajos anteriores se realizó un acercamiento a los estudios que analizan el estilo de los Diarios de campaña de José Martí. Otra investigación al respecto, en este caso centrada en los aportes narrativos del estilo de los Diarios de campaña, nos lo entrega en 2015 el escritor Francisco López Sacha, destacado narrador, con su ensayo «La mirada sensible de José Martí». [1]
El ensayo versa sobre el modelo y el proceso narrativo en los Diarios de campaña, cobijados por la cualidad singular y sensible de la mirada de Martí, es decir, analiza cómo nuestro poeta mayor logra en los Diarios la vivacidad, la intensidad, el colorido y la música en su prosa narrativa, y lo logra porque Martí se adelantó al emplear en esta obra recursos que desarrollan escritores de la modernidad como Borges, Carpentier, Asturias, Piñera y Rulfo. Ellos son: la cualidad pictórica y descriptiva, su manejo del tiempo fabular —tiempo cronológico de los hechos, su estructura sintáctica y proceso narrativo.
También hay modernidad desde la concepción del párrafo hasta en la puntuación, y en particular en su manera de realizar el tiempo, el espacio y el movimiento de los personajes dentro del foco narrativo. Porque Martí no descompone en oraciones el discurrir del párrafo sino pinta, agrupa, expresa un contenido fulminante en verbos, sustantivos o adverbios que cambian de función, al reunirse en un orden musical, pictórico o poético, fuera de la lógica sintagmática: «Lola, jolongo, llorando en el balcón», con la yuxtaposición como procedimiento que más se acerca a la forma de pensar de Martí, la simultaneidad de planos narrativos, como Flaubert en Madame Bovary, y la alteración de la secuencia de tiempo como en el fusilamiento de Masabó.
El diálogo indirecto libre, expresión de novedad literaria en francés, en la obra de Flaubert, pero matizado con la voz del narrador, aparece en esta posición de manera cortante para recalcar determinado sentido. Martí revoluciona esa técnica, de la que luego harán uso Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier, Cintio Vitier y sobre todo Mario Vargas Llosa, para resaltar la forma en que muere Masabó, y no su muerte. El pasaje sugiere que la ambición destruyó en Masabó su poder personal, su condición heroica, que sin embargo, a pesar de sus errores, debe trascenderle.
Sacha se refiere a que las cualidades de la prosa de Martí en los Diarios ya están acendradas, que son el carácter topológico y cenestésico —de cenestesia: sensación general del estado del propio cuerpo— de la misma; lo sensorial y lo afectivo con recursos que tomaba de todo arte, todo lo que viene antecedido por un arduo proceso de asimilación literaria por parte de Martí que describe, donde remarca su conocimiento de la poesía moderna, del impresionismo, el puntillismo, de las visiones del Fausto de Goethe y el Prometeo de Esquilo.
Sobre los aportes en el uso del recurso de la puntuación el ensayista afirma que Martí logra una cadencia acústica comparable a la rapsodia —pieza musical característica del romanticismo, compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática y lenta, y otra más rápida y dinámica, consiguiendo así una composición de efecto brillante—: Ejemplo: el fusilamiento de Isidro Tejera (El Brujito) y Onofre. Igualmente considera a la viñeta «David, de las Islas Turcas» como resumen de sus aportes al estilo narrativo de los Diarios porque es comparable a cualquier relato clásico o moderno, donde logra en la definición de un carácter, un sentido completo que incluye una historia, una trama, una secuencia temporal, una caracterización por fases y esa mirada sensible y profunda sobre los hombres humildes que va a liberar.
Francisco López Sacha concluye tras su estudio, que la persecución de la imagen pictórica también se ajusta a un sentido sonoro, a una serie de pautas e intervalos que agudizan el tono, y provoca esos cambios novedosos en el estilo narrativo de los Diarios.[2]
A las cualidades del poema en prosa y su presencia en los Diarios de campaña de José Martí dedica Carmen María Torres Ruisánchez un ensayo en 2017, titulado «En busca del mapa poético martiano en los Diarios de campaña». La profesora universitaria refiere que el poema en prosa es considerado como el género modernista por excelencia por ser la culminación lógica del concepto de prosa como arte, esbozado por Octavio Paz, donde se ubican como precursores Rousseau y Chateaubriand, y como cultores Gerald de Nerval con su Aurelia y Charles Nodier, y como obra inaugural El Gaspar de la Noche de Aloysius Bertrand. Tanto en este último libro como en los Diarios estamos ante pinturas literarias que unen anécdota y reflexión.
Al profundizar en las cualidades poéticas de los Diarios establece sus antecedentes dentro de la propia obra martiana que son las Escenas Norteamericanas y la novela, y sitúa entre los motivos que asaetean esta prosa de viaje, la premura que empuja a la síntesis, las profundas implicaciones emotivas, la sedimentación y madurez de su espíritu artístico. En tal sentido considera que las tres directrices para trazar el mapa poético de esta obra son el paisaje o la naturaleza, los seres a su paso que son espíritus libres, y la palabra constructora de ambos. Y en cuanto al estilo del propio poema en prosa en los Diarios señala a la polifonía como un elemento caracterizador, porque en ellos no sólo la voz, sino la caracterización de la palabra ajena se convierten en criterio central de los cuadros que logra el viajero sobre su entorno, junto a las peculiares intervenciones de los personajes, tratando todo el tiempo, de mantener la norma propia de ellos.
Sobre el estilo que se adopta hacia el interior del párrafo señala que los verbos van cobrando más fuerza que las descripciones, que la condensación hace que el texto gane en profundidad metafórica, y que los minicuentos en muchas ocasiones conforman las semblanzas.
Culmino este acápite comentando un ensayo que contempla el estilo como paisaje, y el paisaje como estilo. Me refiero al estudio «Martí sumergido en su paisaje»,[3] de la investigadora Carmen Suárez León. Luego de referir el concepto de paisaje e ideas teóricas sobre él recogidos en la bibliografía contemporánea sobre el tema, en los que toma en cuenta a este como «una interpretación de un pedazo de mundo, una forma de leer un territorio, una serie de significados que dependen estrechamente del propio marco cultural», la autora reflexiona sobre a qué atribuye ella lo agudo de la mirada de Martí en los Diarios. Y lo hace depender de la hiperestesia del escritor, su capacidad para representar lo que percibe por cualquiera de sus sentidos, lo que le permite literalmente reproducir espacios urbanos o rurales con una fidelidad que se aproxima a la cinematografía.
Refiere el protagonismo del paisaje en los Diarios, el insular del Caribe como figura primerísima de su escritura en su trayecto apasionado hacia la guerra libertadora, que es descrito en sus mares, los cursos de los ríos, los bateyes y ciudades, los montes y los domésticos jardines. Nos dice que se trata del incesante trabajo de los hombres del Caribe en su acomodación a la tierra, y que lo que rectorea el texto martiano es la identificación continua con las criaturas isleñas y la naturaleza, y la naturaleza que son también suyas.
Hay amor, una dulce consideración respetuosa subyacente que mana de su peregrinación, empatía interna vibrando en la luz de su diálogo, porque un paisaje no es solo lo que contempla, es un tejido sensorial que penetra por todos los sentidos. Por todo lo expresado la ensayista afirma que el paisaje en los Diarios de campaña alcanzará en estos días un tremolar de gesta antigua con sus mambises guerreros, porque son pequeños y magnos escritos con la más extraña consistencia y una extraordinaria gravitación en los que el amor —y aquí recuerda la idea de Lezama— llena una distancia agónica, colma de presencias amadas una lejanía dolorosa y crispada.
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Referencias
[1] -Francisco López Sacha. “La mirada sensible de José Martí”. Ensayos en clave de sol. Ediciones Unión, La Habana, pp. 33- 48. Este ensayo se escribió en 2003.
[2] -Como posible conclusión a lo que aquí ha dicho se define la siguiente afirmación del autor llevada a cabo en otro estudio que analiza el estilo narrativo de Martí: “En sus Diarios de campaña no hay género, solo escritura. Allí todos los instrumentos lingüísticos del idioma estarán al servicio de la imagen plástica y la música; allí desarticulará el tiempo narrativo, el tropo, la sintaxis y alcanzará la plenitud como escritor, y se convertirá en el padre, en el dador de una conciencia de estilo para el español de América.” Francisco López sacha. “Las voces narrativas en La Edad de Oro”. Ob. cit, pp. 30- 31.
[3] -Carmen Suárez León. “Martí sumergido en su paisaje”. Revista de Literatura Cubana. (Digital), n. 1, Segunda Época, Enero – Junio 2018, La Habana, pp. 1 – 5. La autora ha sido investigadora del Centro de estudios Martianos por muchos años.
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