
Hanábana: y octubre 23 de 1862
A mi señora madre Da. Leonor Pérez
Estimada mamá: Deseo antes de todo que Vd. esté buena, lo mismo que las niñas, Joaquina, Luisa y mamá Joaquina. Papá recibió la carta de Vd. con fecha 21, pues el correo el Sábado que era 18 no vino, y el martes fue cuando la recibió; el correo –según dice él– no pudo pasar por el río titulado «Sabanilla» que entorpece el paso para la «Nueva Bermeja» y lo mismo para aquí, papá no siente nada de la caída, lo que tiene es una picazón que desde que se acuesta hasta que se levanta no le deja pegar los ojos, y ya hace tres noches que está así.
Yo todo mi cuidado se pone en cuidar mucho mi caballo y engordarlo como un puerco cebón, ahora lo estoy enseñando a caminar enfrenado para que marche bonito, todas las tardes lo monto y paseo en él, cada día cría más bríos. Todavía tengo otra cosa en que entretenerme y pasar el tiempo, la cosa que le digo es un «Gallo Fino» que me ha regalado Dn. Lucas de Sotolongo, es muy bonito y papá lo cuida mucho, ahora papá anda buscando quien le corte la cresta y me lo arregle para pelearlo este año, y dice que es un gallo que vale más de dos onzas.
Tanto el río que cruza por la «finca» de Dn. Jaime como el de la «Sabanilla» –por el cual tiene que pasar el correo– estaban el Sábado sumamente crecidos, llegó el de acá a la cerca de Dn. Domingo, pero ya han bajado mucho.
Y no teniéndole otra cosa que decirle déle expresiones a mamá Joaquina, Joaquina, Luisa y las niñas y a Pilar déle un besito y Vd. recíbalas de su obediente hijo que le quiere con delirio.
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Montecristi, 25 marzo, 1895
Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo sin cesar pienso en usted…
El largo viaje es el camino desde Montecristi, hasta las costas de Cuba. ¿O es el duro camino hasta la muerte? Es posible que se refiera a los dos caminos a la vez, como Dos Ríos que en un punto se abrazan.
No solo el hijo piensa en la madre, sino que lo hace sin cesar, sin descanso, en medio de tantas horas de lucha y de vigilia… Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de usted, con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo.
Es una pregunta difícil porque la vida de la madre ha sido el sacrificio, levantar a sus hijos, poner sobre la mesa el alimento, andar de una casa en otra, ver morir a dos hijas pequeñas, ir a buscar a su hijo a casa de Mendive bajo las balas del fuego español…Entonces Martí, vuelve con la carga de su dolor y el servicio de una ética que la madre no alcanza a comprender, por eso, porque es madre:
El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.
Son dos amores inseparables, van dolorosamente juntos, como la sombra y la luz. Ya no se ve la dureza del Abdala que discute con Espirta, la madre en aquel poema dramático escrito a los dieciséis años. Ahora se nota esa ternura que habla del deber y de la presencia de su madre en la creciente y necesaria agonía ¿Y que es a agonía sino la lucha en una guerra también necesaria?
Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo.
Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición. Su José Martí.
Esas bendiciones que pide y amorosamente da, son las mismas que aparecen en la carta escrita por el niño Pepe, a los nueve años desde Hanábana. Y ahora, como quien ya rema en un bote, se vuelve hacia atrás, y en el trazo de una posdata, le recuerda el hijo, dulcemente a la madre:
«Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca». Padece mucho la madre, pero no son inútiles la verdad y la ternura.
La madre de Martí, nació el 17 de diciembre de 1828, dos años antes de que se fundara la ciudad de Nueva Gerona, un desconocido pedazo de tierra a donde un día le echarían deportado por infidente, a su hijo primogénito, que escribe desde Montecristi, la carta más hermosa y terrible de un hijo que no puede morir, sin la bendición de su madre.

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Con información de Cubahora
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