
Quedé aterrado: ¡Enseñar! Yo era, y soy aún, en filosofía, un «tourista» fácilmente cansado, en ciencia un «dilettante»… ¿Convertir la alegre y pequeña catapulta en una cátedra de Profesor?… Me fui prudentemente para La Habana.
(Citado por Enrique Uhthoff en Eça de Queiroz en La Habana, mi cuarto a espadas).
Eça en La Habana
José Maria d’Eça de Queirós nació el 25 de noviembre de 1845 en Póvoa de Varzim, en el distrito de Oporto, Portugal. Maestro de la ironía y del sarcasmo, es considerado uno de los autores más importantes de la literatura portuguesa y universal con obras como Os Maias y O crime do Padre Amaro.
El 20 de diciembre de 1872, después de tres largos meses de espera en Cádiz, Eça de Queirós llegó a La Habana. Con apenas 27 años, ocupaba el cargo de Cônsul de 1ª Classe y debía interceder en favor de unos cien mil chinos coolies procedentes de Macao. En la isla, los coolies eran utilizados como mano de obra barata en las plantaciones de azúcar.
En varias cartas enviadas al Ministerio de Negocios Extranjeros Eça describió las penurias de los trabajadores chinos: transportados como «un rebaño sufridor»[1], recibían una alimentación «a base de arroz y plátano, a veces tasajo»[2], «para trabajar desde el alba hasta las Ave Marías»[3]. Durante algún tiempo pudo garantizarles a aquellos hombres, por lo menos, más pan y menos látigo.
Eça ocupó su cargo hasta 1874. Fuera de algunos elogios a los ojos de las cubanas «negros y fúlgidos», el escritor portugués no se sintió a gusto en la isla, lejos de Europa. No imaginaba que una temprana traducción al castellano de una de sus grandes obras, A Relíquia, aparecería publicada en una revista habanera.
Las revistas cubanas
La Habana Elegante y la Revista Cubana
El primer número de La Habana Elegante vio la luz el 4 de agosto de 1883, bajo la dirección de Casimiro del Monte. La revista fue una importante difusora del modernismo hispanoamericano. En sus páginas publicaron autores como Cirilo Villaverde, Juana Borrero y Rubén Darío. El escritor cubano Manuel de la Cruz —conocido como el Mambí de las letras—, autor de Cromitos cubanos y Episodios de la revolución cubana, formó parte del cuerpo de redactores de la revista y llegó a ser su director. En 1891 apareció publicada en La Habana Elegante una traducción suya de un fragmento de A Relíquia[4].
Ernesto Guerra da Cal, uno de los más importantes estudiosos de la obra de Eça de Queirós, en su Bibliografía queirociana recoge otros fragmentos traducidos por Manuel de la Cruz y publicados en la Revista Cubana, concebida como una continuación de la Revista de Cuba (1877-1884) y dirigida en sus inicios por Enrique José Varona.
Hasta que en 1892 apareció publicada en esta misma revista la traducción total de la obra, firmada por el escritor cubano. Vale destacar que estas traducciones al castellano de A Relíquia fueron las únicas publicadas antes de la muerte de Eça de Queirós[5].
Social
Fundada en 1916 por el ilustrador gráfico y caricaturista Conrado Walter Massaguer, la revista Social es otro ejemplo del interés de los intelectuales cubanos por la obra del autor de Os Maias. En el número de mayo de 1919, para anunciar la traducción al español de Cartas familiares e Bilhetes de Paris, realizada por Carlos de Velasco, la revista publicó el texto titulado «La Doctrina de Monroe». Así explicaban los redactores:
A las numerosas traducciones que de las obras de Eça de Queiroz se están publicando en España, debemos nosotros anotar con gusto la de su libro Cartas Familiares y Billetes de París, hecha por el Sr. Carlos de Velasco, director de Cuba Contemporánea. Admiradores entusiastas del genial escritor portugués —como lo serán, sin duda, muchos de nuestros lectores—, damos a éstos tan grata noticia, anticipándoles un extracto de uno de los más interesantes trabajos que contiene el notabilísimo libro. [6]
Dos años después, en el número de agosto de 1921, los lectores de Social pudieron leer:
Del exquisito libro de este exquisito escritor (Enrique Uhthoff): Cuentas de Colores reproducimos esta crónica, sobre el insigne lusitano, que vivió algún tiempo en La Habana, desempeñando un modesto cargo consular. [7]
La crónica del escritor mexicano llevaba por título Eça de Queiroz en La Habana, mi cuarto a espadas, y exponía:
«Por tratarse del progenitor de mi tocayo, el alto Fradique, es que yo echo ahora mi cuarto a espadas sobre el silencio de Queiros en lo que a Cuba se refería»[8].
En El Mundo, según explicaba Uhthoff en su crónica, Víctor Muñoz se interrogaba acerca de la ausencia de alguna mención de Cuba en las páginas de Eça:
¿Y no te parece raro que un escritor que llegó joven a nuestras playas, trasplantado súbitamente, y en cuyas novelas y crónicas se ven profusamente las huellas de su paso por los otros países, Inglaterra y Francia, donde estuvo representando al suyo, no hubiese hecho una sola observación en el nuestro, en nuestras costumbres, en nuestros paisajes, que luego saliese a las puntas de su pluma en la hora de la producción? [9].
Uhthoff defendía que sí había pasado algo de la isla a las páginas de Eça y en su crónica cita un supuesto fragmento de Prosas Bárbaras, en el que se lee:
Hace muchos años, una tarde, en La Habana, estando con un amigo en su jardín tomando té helado, bajo un macizo de magnolias, vimos de repente al cocinero de la casa, un chino, correr, con la coleta erizada, gritando que había matado una culebra. Mi amigo, que era alemán, banquero y erudito, y por lo tanto, amante por triple aspecto de datos positivos, quiso al punto saber el tamaño exacto de esa culebra que así había invadido sus quietas arboledas. [10]
La crónica de Uhthoff terminaba con un voto de optimismo:
Tú verás cómo van a ser sacadas de viejos periódicos portugueses o brasileños, amarillentos ya de tiempo y de olvido, crónicas en las cuales ese supremo escritor —pensador, artista e irónico— haría cuentos y narraría sucesos y cantaría la belleza campestre de esta isla. [11]
En el número de marzo de 1925 de Social vio la luz el artículo «Trabajos inéditos de Eça de Queirós».[12] Se trata de la traducción de una carta escrita por uno de los hijos del escritor a propósito de unas noticias publicadas sobre los manuscritos de Eça[13]. Según señalaban los propios redactores de Social: «Publicamos este artículo que será de gran interés para los muchos queirosianos de la isla»[14].
Cuba Contemporánea
Continúa el romance de Eça de Queirós con las revistas cubanas. En 1926 Cuba Contemporánea —considerada como la primera gran revista cultural cubana del siglo XX, fundada por Carlos de Velasco en 1913— publicó un artículo que llevaba por título «Eça de Queirós en La Habana»[15]. El escritor cubano Antonio Iraizoz describía la breve estancia de Eça en la ciudad y traducía algunos fragmentos de cartas.[16]
***
A Relíquia de Manuel de la Cruz
En 1887 A Relíquia comenzó a ser publicada por entregas en la Gazeta de Notícias, periódico carioca.
Eça de Queirós era un escritor que recolectaba, reconstruía[17] y, por último, filtraba las partículas de su materia de escritura: durante su paso por Egipto, Palestina y Siria, en 1869, lo acompañaban títulos como Voyage en Orient, de Gérard de Nerval, Constantinople, de Théophile Gautier y Le Nil (Égypte et Nubie), de Maxime du Camp, además de un manuscrito con notas que incluían descripciones y apuntes de viaje. Es decir, ya había concebido el proyecto de escribir una obra que tuviera como escenario aquellos lugares santos.
A Relíquia cuenta la historia de Teodorico Raposo[18], un joven incrédulo y ávido que vive de la fortuna de Doña Patrocínio das Neves, tía vieja y muy beata. El sobrino reza, se arrodilla y unta sus ropas con humo de resina para oler a santo: hay que agradar a Doña Patrocínio, porque la herencia de la tía vale una fortuna.
Teodorico se embarca en una peregrinación por Palestina con la promesa de traerle a Doña Patrocínio la más santa de las reliquias. El joven convierte la romería en fiesta de amores y libertinaje. En Alejandría recibe de manos de una prostituta inglesa una camisa de noche, como recuerdo de sus encuentros. Y en el desierto de Judea el Raposo halla un árbol de espinos, corta uno de sus gajos y teje una corona: ya tiene consigo la reliquia, la clave para convertirse en heredero único.
Pero durante el viaje el infeliz troca los envoltorios y regresa a Portugal con la camisa de Mary en lugar de la Corona de Espinas. La camisa ondula ante los ojos de la tía beata con su sensual dedicatoria y su olor a violetas. El Raposo lo pierde todo.
A continuación, comparto con los lectores un fragmento de aquel primer pasaje de A Relíquia, traducido por Manuel de la Cruz y publicado en 1891 en la revista La Habana Elegante:
II
Escuchando embebidos estas antiguas leyendas, divisamos a lo lejos, en la leonada arena, una franja de verdura, triste y color de bronce. Potte gritó: «¡el Jordán! el Jordán!». Y partimos al galope para el río de la Escritura. El festivo Potte conocía, en la margen de la corriente bautismal, un sitio delicioso para una siesta cristiana, y allí pasamos las horas tórridas, recostados sobre un tapiz, lánguidos, bebiendo cerveza que enfriábamos en las aguas del río sagrado. El Jordán hace allí un suave, claro remanso, como para reposar de la lenta y calcinada jornada que ha rendido a través del desierto, desde el lago de Galilea; y antes de derramarse en las aguas amargas del Mar Muerto, ócia allí, esplayándose sobre la fina arena; canta quedo y lleno de transparencia corriendo sobre su lecho sinuoso y lustrado: y duerme en los sitios umbríos, inmóvil y verde, a la sombra de los tamarindos… Encima de nuestras cabezas rumorean las hojas de los chopos de Persia: entre las hierbas se balancean flores desconocidas, de las que adornaban en remotos tiempos las trenzas de las vírgenes de Canaan en las mañanas de vendimia; y en la oscuridad avahada de los ramages, donde ya no vendría á amedrentarnos la voz terrible de Jehovah, gorjeaban mansamente las avecillas. Frente a nosotros se elevaban, azules y sin mancha, como si estuviesen hechas de un solo bloque de piedra preciosa, las montañas de Noab. El cielo avellonado, mudo, vacío, parecía descansar con delicia del gran tumulto que lo agitara cuando allí vivía, entre preces y matanzas, el sombrío Pueblo de Dios; y donde constantemente agitaban sus alas los Serafines y flotaban las ropas talares de los Profetas, arrebatados por el Altísimo, era suave regocijo ver pasar ahora, de tarde en tarde, una bandada de palomas silvestres, volando hacia los verjeles de Engaddi.
Cuando montábamos a caballo, una tribu de beduinos, descendiendo de las colinas de Galgalá, traía su rebaño de camellos a beber en el Jordán. Las crías, blancas y lanudas, corrían balando; los pastores, altas las lanzas, vociferando gritos de guerra, galopaban envueltos en la ondulante albura de sus albornoces, dijérase que había resurgido en todo el valle, al esplendor de la tarde, una pastoral de la edad bíblica, cuando Agar era moza! Tieso en la silla, bien sujeto el vendal, sentí un rápido efluvio de heroismo; ambicioné una espada, una Ley, un Dios por quien combatir… Lentamente se extendió por la planicie sagrada magestuoso silencio. La cúspide del cerro de Noab se cubrió de un raro fulgor, color de rosa y color de oro, como si allí de nuevo, al pasar fugitivamente, se reflejase la faz del Señor. Topsius el sapiente alargó la diestra.
—¡Aquella cima iluminada, don Raposo, es el Moriah, donde murió Moisés!
Me estremecí. Y saturado por las divinas emanaciones de aquellas aguas, de aquellos montes, me sentí fuerte, igual a los varones fuertes del Exodo. Creí que era uno de ellos, familiar de Jehovah, que había llegado del negro Egipto con mis sandalias en la mano… El suave suspiro que traía la brisa, venía de las tribus de Israel, surgiendo en el término del desierto! Por las lejanas laderas, seguida de una escolta de ángeles, el Arca dorada bajaba balanceándose sobre los hombros de dos levitas vestidos de lino. Otra vez reverdecía en las secas arenas la tierra de Promisión. Jericó blanqueaba entre las espigas de oro y a través de los apretados palmares resonaba el son de marcha de los clarines de Josué!
No pude contenerme, tiré el yelmo, y lancé sobre Canaan este aullido piadoso:
—¡Viva Nuestro Señor Jesucristo! ¡Viva toda la Corte Celestial![19][20]
[1] Citado por Archer de Lima en Eça de Queiroz Diplomata. Ver LIMA (Archer). Eça de Queiroz Diplomata. Portvgalia Editora. Lisboa[S.d.] (194?).
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] La Habana Elegante, Semanario Ilustrado, Literario y Artístico, 25 de enero de 1891 (Año IX, núm. 3, p. 9) y 8 de febrero de 1891 (Año IX, núm. 5, p. 9). Comparto al final de este trabajo un fragmento del pasaje traducido por Manuel de la Cruz para La Habana Elegante.
[5] La traducción realizada por los españoles Camilo Bargiela y Francisco Villaespesa no se publicó hasta 1901. (Ver Cf. E. Guerra da Cal, Bibliografía Queirociana, t. 1.°, ed. cit., Coimbra, Por Ordem da Universidade, 1975, p. 76). [Ver también Losada Soler, E., 2001. La (mala) fortuna de Eça de Queiroz en España: las traducciones de Valle-Inclán].
[6] Social, vol. IV., núm. 5., mayo de 1919, p. 29 y 61 (Versión digital realizada por la Dirección de Patrimonio Documental de la Oficina del Historiador de La Habana).
[7] Social, vol. VI., núm. 8, agosto de 1921, p. 38 y 52.
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] Ibid. Confusión o descuido del escritor mexicano: el pasaje del chino y la culebra no es de Prosas Bárbaras, sino que corresponde a uno de los Bilhetes de Paris (Ainda as festas russas – Os jornais).
[11] Ibid.
[12] Social, vol. 10, núm. 3, marzo de 1925, p. 38 y 83.
[13] Los redactores reprodujeron una traducción que había aparecido en el periódico Nosotros, de Buenos Aires. Este último, a su vez, tomaba la carta de la Revista do Brasil.
[14] «…) muchos queirosianos de la isla», por ejemplo, en Eça de Queiroz e o nosso tempo, J. M. Boavida comenta el fanatismo con que Eça era leído por intelectuales y escritores cubanos de la talla de Enrique José Varona y Alfonso Hernández Catá.
[15] Cuba Contemporánea, t XL, 1926, pp. 5-21.
[16] No solo de las que Eça había enviado al Ministerio de Negocios Extranjeros, Iraizoz también tradujo fragmentos de algunas cartas enviadas a Ramalho Ortigão. Por ejemplo, la tercera misiva dirigida a Ramalho, en la que Eça se refiere a La Habana: ¡Ah! mi amigo, esta ciudad, esta gloriosa, ardiente y pálida tierra de canciones de zarzuela, ¡qué miserable aldea es, con todos sus palacios, con todos sus trenes arrastrados por cuatro caballoscubiertos de plata!
[17] En la Edición Crítica de A Relíquia, publicada en 2021 por la Imprensa Nacional, Lisboa, Carlos Reis comenta esta idea del escritor portugués acerca de la representación ficcional de la historia: «Reconstruir é sempre inventar», «Reconstruir es siempre inventar».
[18] Raposo: zorro, en portugués.
[19] Se mantuvo la ortografía y la puntuación del original. Se mantuvo la ortografía y la puntuación del original.
[20] Agradezco la ayuda de Irene Fialho, lisboeta y gran queirosiana, quien me puso al tanto de esta primerísima traducción de Manuel de la Cruz y me facilitó la copia de los números de La Habana Elegante y de la Revista Cubana, así como información sobre Guerra da Cal.
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