
Ayer lunes 17 de noviembre Cubaliteraria presentó el poemario La sombra del pájaro, de Damaris Calderón. Nos acompañó la escritora, poeta y ensayista Caridad Atencio, compartimos sus palabras durante la presentación.

La poesía, según Javier Payeras, es darle una segunda oportunidad a lo que perdimos. Así lo pude comprobar mientras leía el poemario La sombra del pájaro de Damaris Calderón, que acaba de ser publicado [1], donde la honda desolación del desarraigo es trasmitida por medio de construcciones directas y sutiles:
Fugaces por la tierra
A mi amiga belga y a mí nos une la pintura flamenca, una incierta idea de la heroicidad de Así se forjó el acero y vivir en una casa como en un bote. Mi amiga camina a pequeños pasos como caminaría una gaviota. Y yo la acompaño hasta donde puedo sin salirme de mi círculo caucasiano. Su vida cabe en dos o tres cajas sin empaquetar que ahora están en mi pieza y en un tazón de café. Allí donde dice Calle Cerrada Sin salida nos despedimos siempre y no nos despedimos, extrañas extranjeras fugaces por la tierra.p. 9.
Véase también el poema “La puerta de Chile”, p. 43.
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Antipatrias
Dos patrias tengo yo. Ninguna me tiene a mí. Enraizada al cielo.p. 57.
Donde la casa es como un bote donde se vive y en el que esperas llegar a algún lugar al que nunca llegas, o unas pocas pertenencias que son tu vida y pueden ir contigo de acá para allá, unas propiedades que son tus raíces, y van sueltas de acá para allá, y el desarraigo se trasmite por un sema reforzado: “extrañas extranjeras”.
Qué se puede hacer cuando un árbol que podría ser signo de identidad, de resguardo, de nido y posesión junto a otros, se levanta como un muro que te espera en el exilio, en el muro de desarraigo que conforman:
No hay peor astilla
que la del mismo palo
Eucalipto Extranjero bebes el agua como cualquier desplazado sobre la tierra. Los árboles no dejan ver caminan avanzan zapadores en primera línea. Árboles cercados. Prisioneros políticos. Las rodillas las piernas de los árboles saliéndose al camino. Desbordando los cercos las empalizadas. De púas. De totora para disimular. (Cualquiera que camina puede despertar sospechas). Las abejas traen mensajes encriptados de país en país. ¿Cómo pedirle a la Virgen si el hacha del verdugo está hecha de su carne? p. 10.
Aquí el eucalipto es extranjero, el yo es un árbol extranjero al que se oponen árboles, bosques que avanzan para luchar contra ti. En tales circunstancias solo queda a la poeta la opción de resanar el paraíso de la infancia:
La memoria del pájaro
(Mi casa)
Mi casa es siempre la casa de mi infancia, el cielo entra por las ventanas y cae sobre la mesa como un mantel. En mi casa la muerte no existe. Siempre hay rosas y nada se pierde. En mí se encuentran los caminos, se cortan las paralelas. Lo despedazado hace de mí, vasija. Y el silencio me pone a hablara solas. A cantar. p.30.
Donde uno era el centro que se alimentaba del todo, incluso de lo despedazado, el sitio donde llegaba y salía la luz. Entonces se revive el momento en que los recuerdos se vuelven semillas para sembrar a manos llenas. No otra cosa que el amor es la sombra del pájaro que titula un poema y a todo el libro:
La sombra del pájaro
Sobre el techo sólo veo la sombra del pájaro. La sombra se ama con otra sombra. Eso basta. p. 33.
Lo que nos lleva a recordar a Gregory Orr cuando afirma que la poesía es una respuesta a las canciones de la naturaleza: la rana, el pájaro, el árbol. Todo cuanto existe en el mundo es la creación de su propio ser. En definitiva se trata de una afirmación fundamental de la historia humana, una forma de iluminar la existencia. Porque el amor es hasta valioso en forma de recuerdo y conforma universos. “La sombra del pájaro es un río de memoria”, como dice la nota al libro, y dice la poeta que guarda en el pecho con una cita martiana (p. 29). Contra el desarraigo se presentan como bordados los recuerdos entrañables que señorean en el pájaro y la semilla. (Ver “Los pájaros son los búfalos del aire”, p. 29).
Entonces el desarraigo, la agonía de una vida codificada y sin sentido se manifiestan en los retratos curiosos que hace de su propia hermana, llenos de secreta y amarga ternura:
Daguerrotipos
Tríptico para mi hermana
(Pequeña oración)
Canto al gusano que se vaya. Zumbo a las moscas que salgan de tu carne. Le hablo a tu herida, bajito, como a un hilo de leche. La lleno de hierbas, de flores. Le doy de beber, como a un cabrito. Le cierro los párpados. La cierro con mis dientes. La acaricio hasta que olvide dolerte. Una mujer que abrió los ojos y no ha hecho otra cosa que trabajar de la mañana a la noche. p. 11.
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De perfil
Mi hermana pequeña sube y baja los caminos del pueblo en bicicleta para no pensar. Cree en los pedales y en la velocidad a tracción. A veces quisiera ser mi madre y se frustra. A veces quisiera ser su hija y me frustro. A veces odia al pueblo por sus calles oscuras sin asfaltar y por la hierba que crece. A veces yo me odio a mí misma y odio a mi hermana. Me compadezco y la compadezco cuando suspira por el olor a neumáticos o se conmueve con el chirrido del metro como yo con el canto de los grillos. Mi hermana se acuesta y se suelta el pelo. El calor inunda la habitación. Es redonda, como una cereza, y de perfil, es mi madre. p. 12.
Allí se personifica a la herida, se personifica al dolor para aplacarlo, y la cierra con sus propios dientes. El dolor del emigrante que no ha hecho otra cosa “que trabajar de la mañana a la noche desde que abrió los ojos.” ”Mi hermana […] hasta cuando duerme, sale a trabajar.” (p. 69)
Son retratos de la convivencia con un familiar en donde crece la ternura, pese a la diferencia. Entonces surgen también retratos propios a imagen y semejanza de los progenitores, y que se adornan de la violencia:
Hachar al padre
Cómo me costó ser tu hija, mi formidable contrincante, la astilla de ti. De ti, que parecías una niña pequeña con cerquillo en una foto y a quien enseñaron, por la fuerza, la fuerza. p. 15.
Y se pregunta: ¿Qué se alcanza si se personifica la violencia? (Ver p. 49) El origen le preocupa, el hecho de hasta qué punto es ella madre de ella misma o su propia hija en un universo donde no existen vástagos. (“Alguien, algo”, p. 66, “Grieta”, p. 20) Los poemas cobran fuerza si se vuelcan hacia el mundo interior de la autora, a su universo metafísico, a su origen y a los más disímiles y ubicuos lazos, no así cuando intentan el reflejo azaroso político de la realidad.
Entonces leemos breves poemas que nos muestran los abismos entre la realidad y el deseo, entre la omnipotencia del instante y el tiempo:
Eternidad / Tiempo
Mi mano es mortal.Las líneas de mi mano,Infinitas.p. 25
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Cuestión de tiempo
Todos vamos a morir. Es cuestión de tiempo. Pero ahora, por unas horas, soy inmortal. p. 27.
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Un río
Ser poeta no es mi ambición. La voz es un río. p. 31
Pero el desarraigo es aquí anhelo de arraigo, de sedimento que existe, aunque invisible. Consúltese el poema “Mirando timbiriche, p. 37. La añoranza del país de donde se es, se expresa por medio de una ternura telúrica rudimentaria y entrañable, en medio de las marcas y falsedades contemporáneas:
Cuba
Ese azul intenso hecho a puño (donde la iglesia y la palma). Ese azul de ropa puesta a secar en la tendedera pobre. Ese azul de antes del blue jean y después del blue jean. Ese color se levanta en armas. Ese azul es el cielo de mi pueblo. p. 52.
El poema donde se resana el paraíso de la infancia (p. 30) se opone al siguiente poema:
El viento trae un olor a heridas y huesos rotos
El viento trae un olor a heridas y huesos rotos. ¿Sabes cómo se pone una mesa, los platos? ¿Sabes qué es una mesa? El perro no pudo. Nunca regresó. Los retratos de los niños se mueven en las paredes y tienen lágrimas en los ojos. ¿Sabes dónde estás? ¿Dónde está tu casa? El reloj de pared baja por la pared y desaparece. Las murallas están pintadas con sangre. Los juguetes están rotos. Las losas caen al piso. La única puerta de salida está pintada en la pared. Y allí en el respaldo de la cama hay un cuadro de campo. (Me recuerdas a un animalito recién nacido). A mí me castigaban en una pieza a oscuras. Debes comerte la comida CORRECTAMENTE. Tenía ganas de gritar pero no me atreví. ¿A dónde vas? A veces siento voces. A veces siento cosquillas. La hiedra rompe y allí donde era tu cuarto hay otra familia y otra antena de televisión. Has perdido peso pelo. Has perdido los dientes. A tu cabeza le salen raíces. Quiero tocar tu mano. Sentirte viva. Nunca te volveré a escuchar. Una casa con árboles y han cubierto el techo de papel cartón. pp. 70 – 71.
Aquel muestra al ser proyectado y sostenido por la poesía, y este otro el extrañamiento en lo que creemos lo propio, no otra cosa que el desarraigo en dimensiones existenciales, entre las cosas que parecen cercanas. La honda desolación del desarraigo en este poemario nos ha hecho recordar que la realidad solo se forma en la memoria [2].
*Puede ver en video la lectura y presentación del libro en nuestro canal de Youtube.
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Referencias
1. Damaris Calderón. La sombra del pájaro. Editorial Cubaliteraria, La Habana, 2025. (Edición digital). En este como en su anterior libro El remoto país imposible predominan metáforas del desarraigo. Allí la añoranza, la nostalgia de la tierra, de la patria lejana se impone como paleta emprendedora que teje un paisaje. En sus visiones algunas veces se encuentran metáforas del desarraigo cada vez más eficaces: “La soñante: / sin otra tierra que el país de los párpados.” En el que el párpado como símbolo que cubre el ojo, que protege o esconde la realidad, es desde donde se desatan esas recreaciones de lo natal. Caridad Atencio. “Ella escribe una canción oscura con su sangre”. Reseña a El remoto país imposible, publicada en la Revista Amnios.
2. Idea de Marcel Proust
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