
“La actitud experimental y la estética jamás se separan…” Denis Diderot (1713-1784)
Justo salido de la comisión de precios del Instituto Cubano del Libro (ICL), había llegado a mis manos el volumen de la ensayista y poeta Caridad Atencio Mendoza (La Habana, 1963). De título abarcador: Historia de un abrazo. Editorial Letras Cubanas 2019. Mi comienzo tiene que ver con el hecho de que el rótulo, cuando solo era un manuscrito, estuvo en mis manos, y luego de leerlo escribí las palabras de contracubierta o contratapa. Ya la autora lo había soñado/imaginado con la ilustración de la artista plástica Lidzie Alvisa que enaltece los vocablos femeniles atencianos. La seguridad de la edición de Leandro Camargo y el emplane de Jacqueline Carbó Abreu, suma de avezados trabajadores del libro y sus variados universos; enriquecen está original propuesta estética. Lo anterior lo expreso pues soy un apasionado de los procesos/proyectos literarios, o culturales desde que están dando vueltas en la clarividencia de los creadore(a)s. Todavía danzan en mi cabeza a nivel frenético aquellas carpetas que Caridad me mostraba/leía a inicios del horno de los 90 en la sala de su casa. Yo regresaba a mis circunstancias, mi idioma y el (re)descubrimiento de mi lengua en otro tipo de sensibilidad, era un acontecimiento único e intenso. Veía en su poesía un acercamiento sensual/sexual/sensitivo al universo femenino que por debajo se conectaba con lo más avanzado del absurdo -en el mundo-, de la designación de los roles sociales, o los injustos papeles que se le asignan a las mujeres, incluso en las sociedades y sistemas contemporáneos más avanzados. Atencio Mendoza con una agudeza escritural quiebra, en tal orden, todos los tabúes, y además, era evidente que se adentraba, incluso, en los futuros asuntos que ahora mismo son temas abordados por las ciencia sociales e incluso constituyen destacadas subdiciplinas para sistemas científicos como: las ciencias naturales, el derecho, los movimientos mutuos, o populares, los lingüísticos, las críticas androcéntrica, etcétera…
Resultan más bien poemas narratológicos, o sea narración metafórica que se incrusta en la parte inconsciente de nosotros mismos. Acercarnos a leer la real implosión de los sentidos, símbolos, señales, sentimientos y después comprender el desplazamiento impío de los géneros literarios. Verlos asumir su espacio natural en las fronteras -contra el horror/error de la crítica- con entereza, dudas, desesperación, desafíos; cual todo lo humano. Los lectores habituales serán sorprendidos por una sutil y progresiva transformación lírica. Regreso al origen de los poemas, o sea, la poesía retorna a la filosofía -reino autónomo- en la tercera sección: «La vigilia congelada». Antes, cual curiosos compulsivos/obsesivos, tendremos que pasar con vigilia, dolor y suspicacia por «Árbol que no quieren ver I y II», partículas que se incrustan en la mente atomizándonos como los infaltables bolerones de antaño, de siempre:
«En un lado del pecho está el ayer y su ojo parpadeante. Con afinación e ingenuidad ordeno afectos como en fuga».
En esa fuga intensa y particular se inscribe Historia de un abrazo, textos que bien razonados-recepcionados-diseccionados, constituyen la definitiva historiografía de la audacia femenina. A inicios de la segunda, o tercera oleada emancipatoria -evidente- del siglo XXI, y ya bien digeridos/ percibidos los dardos directos que constituyen: El libro de los sentidos (Letras Cubanas, 2010). En el difícil proceso de transformación de las relaciones tradicionales humanas de poder. O como su autora canaliza y a veces intertextualiza, desde el mismo centro amargo de la maternidad/la matriz cuestionadora: «Tu consejo se convierte en una constante aunque no sea escuchado».
Resulta una manera de enfrentar la histórica guerra de géneros, en el cual el patriarcado -en las sociedades que se halla inserto- cuenta con una fuerza inaudita. Recordemos la violencia, el acoso femenino, los falsos valores que se regodean en un machismo retrógrado. La autora se reposiciona desde los estereotipos utilizados; la mujer mundana o fácil que practica la calle desde épocas inmemoriales, la diabólica que nos llega desde el medioevo y compite con una masculinidad desacertada, la dulce ama de casa, envuelta en sus quehaceres hogareños y la atención a su prole e hijos; la madre con su carga de pedagogía y moralidad para siempre; o sea toda una tipicidad que el discurso poético de Caridad dinamita e implosiona a estos supuestos usos y habilidades ancestrales. Por favor detengámonos con firmeza y escuchémosla.
Ojala que en la próxima Feria del libro el mundo tenga toda la justicia posible, y el firmamento pueda expresar que cuenta con los derechos igualitarios, Entonces, solo entonces, versos como los siguientes de la poeta constituirían una verdad rotunda, antes de que nuestro querido sol se eclipse el mismo: «El sol rápido indica que la vida se nos va por un espejo». Apresurémonos para cambiar radicalmente lo poco que somos/ hemos ganado a través de los años, las guerras, las paces y los variados sistemas sociales.
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