
A cien años del fallecimiento del poeta, narrador, periodista y animador cultural cubano José Manuel Poveda, compartimos el poema “El grito abuelo”, incluido en el libro «Versos precursores» (1917), considerado como el antecedente del Negrismo cubano.
El grito abuelo
La ancestral tajona propaga el pánico, verbo que detona, tambor vesánico; alza la tocata de siniestro encanto, y al golpear rabioso de la pedicabra, grita un morritmo de fiebre y de espanto, su única palabra. Verbo del tumulto, lóbrega diatriba, del remoto insulto sílaba exclusiva. De los tiempos vino y a los tiempos vuela; de puños salvajes a manos espurias, carcajada en hipos, risa que se hiela, cánticos de injurias. La tajona inulta propaga el pánico; voz de turbamulta clamor vesánico. Canto de la sombra, grito de la tierra, que provoca el vértigo de la sobredanza, redobla, convoca, trastorna y aterra, subrepticio signo, ¡eh!, que nos alcanza, distante e ignoto, y de entonces yerra y aterra y soterra seco, solo, mudo, vano, negro, roto, grito de la tierra, lóbrega diatriba, del dolor remoto silaba exclusiva.
Serenata
Con la voz de otro tiempo, con la antigua voz pura de las viejas jornadas sin dolor ni amargura, vengo a darle al silencio, cerca de tu ventana, una serenata insegura que te recuerde otra lejana. En pugna con la suerte, vencedor del destino, mil veces extraviado, recobré mi camino; y hoy vuelvo a hacerte ofrenda de mis canciones tristes, vaso de muerte, negro vino, aun cuando sé que ya no existes. A la voz conocida tú acudirás, quién sabe más amante que nunca y más bella y más grave, y exhalará mi pecho, por sobre del olvido, una armonía sobria y suave que solamente oirá tu oído. Pondrás tu mano blanca entre mi mano bruna mientras cante mi boca la canción oportuna, y si alguien cruza entonces el sendero sombrío, verá sólo un rayo de Luna y sentirá un poco de frío…
Como afirma Reinaldo Cedeño en el texto «Poveda el raro, el desconocido, el precursor», publicado en La Jiribilla.
A Poveda —«el último de los raros», tal como lo bautizó Alberto Rocasolano— hay que seguir descubriéndolo más allá de los poemas a los que suele aludirse, «El trapo heroico» o «El grito abuelo».
Su obra lírica, junto con la de Regino Boti y Agustín Acosta, constituyen el legado más importante de los primeros años de la República. Sus poemas han aparecido en diversas antologías nacionales y extranjeras. Algunos han sido traducidos al inglés, al alemán y al ruso.
De sus libros: Versos precursores (1917) y Proemios de cenáculo (1918), el primero fue el más significativo, y marcó un momento decisivo de renovación en la poesía cubana, donde se incluye su mejor poema «Sol de los humildes». Con «El trapo heroico» trató de forma no triunfalista, pero con hondo sentido nacional, los asuntos de la Guerra de Independencia. En «El grito abuelo» se ha querido ver un antecedente de la posterior corriente de «poesía negra» o «afrocubana».
Sobresale su interés por cantar a los ambientes citadinos, tendencia en boga en la poesía de Cuba en la década de 1910.
Sobre el autor
José Manuel Poveda. Nació en Santiago de Cuba un 23 o 25 de febrero de 1888. Murió en dicha ciudad oriental de Manzanillo el 2 de enero de 1926. A los once años de edad redactaba el semanario manuscrito titulado Cuba. Es autor de varios relatos y varios trabajos de carácter ensayístico. Los manuscritos de su novela Senderos de montaña fueron destruidos por la esposa. Tradujo textos de Henri de Regnier, Lorrain, Rodenbach, Bonville, Augusto de Armas, Stewart Merrill, entre otros. Utilizó los seudónimos Mirval de Eteocles, Filián de Montalver, Darío Notho, Raúl de Nangis, Fabio Stabia y Alma Rubens, el más importante de todos, con el que firmó un grupo de poemas bajo el título de «Poemetos de Alma Rubens».
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