
El 22 de agosto de 1850, en el hospital psiquiátrico de Oberdöbling, cerca de Viena, falleció Nikolaus Franz Niembsch von Strehlenau. Tenía 48 años y había pasado los últimos seis internado en instituciones para enfermos mentales. Se apagaba así la vida de Nikolaus Lenau, uno de los más destacados poetas románticos de lengua alemana.
Lenau nació el 13 de agosto de 1802 en Csatád, cerca de Temesvar, Hungría (Imperio Austrohúngaro). Su ciudad natal pertenece hoy a Rumania y se nombra Lenauheim (Heim significa en alemán hogar, casa). También a la ciudad de Stockerau, en Austria, se le llama Lenau-Stadt, ciudad de Lenau, pues allí vivió el poeta durante algún tiempo, y sus paseos por los bosques locales, a orillas del Danubio, le inspiraron varios poemas. El escritor español Antonio Costa Gómez ha comentado que Lenau «había nacido en el Banat, hoy Rumania, y había vivido en Viena y escribía en alemán, y no era de ninguna parte, y por eso era de todas». («Yo vengo de todas partes», dijo nuestro Martí.)
La infancia y juventud de Lenau estuvieron marcadas por pérdidas y cambios. Cuando tenía cinco años murió su padre, y cuatro años después la madre volvió a casarse. La familia vivió en Buda, en Tokai y de nuevo en Buda; desde 1818 el joven Lenau pasó a residir con sus abuelos paternos en Stockerau, donde surgieron sus primeros poemas, publicados en la revista Aurora, de Johann Gabriel Seidl. En Viena y Bratislava realizó Lenau estudios de filosofía, derecho, agronomía y medicina, sin concluir ninguna de esas carreras. La herencia que recibió de su abuela le permitió dedicarse a lo que realmente le interesaba: escribir poesía. Al morir su madre en 1829, Lenau cayó en una profunda melancolía; en 1831 decidió irse a Stuttgart, donde publicó su primer poemario con ayuda de su amigo el poeta Gustav Schwab, a quien dedicó el libro. En Stuttgart, Lenau tuvo amistad también con Ludwig Uhland, Justinus Kerner y Karl Mayer, y se enamoró de Charlotte Gmelin, sobrina de Schwab.
Tras el fracaso de la relación con Charlotte, Lenau emprende viaje hacia los Estados Unidos; allí compra tierras donde espera encontrar espacio para una nueva vida en contacto con la naturaleza, pero no tarda en desilusionarse y poco después retorna a Europa. Vive alternativamente entre Stuttgart y Viena. Se enamora de nuevo, esta vez de Sophie von Lowenthal, casada, que no responde a su pasión. A ella están dedicados sus Nuevos poemas (Neuere Gedichte, 1838). No deja de escribir y publicar: Fausto. Un poema (Faust. Ein Gedicht, 1836), Savonarola(Savonarola, 1837), Los albigenses (Die Albigenser, 1842). En 1844 encuentra un oasis en el amor de Marie Behrens, pero esa felicidad llega tarde: en septiembre y octubre del mismo año Lenau sufre las primeras crisis de la enfermedad mental que ya no lo abandonaría hasta su muerte, y es internado en el manicomio de Winnenthal.
Al igual que su vida, la poesía de Lenau está llena de claroscuros, y en muchos casos impregnada de una tristeza que ha llevado a algunos a considerarlo como uno de los grandes poetas del «dolor cósmico» (Weltschmerz), junto a Giacomo Leopardi y Lord Byron. Su locura hace recordar también a Hölderlin, aunque este continuó escribiendo poemas en su etapa de enajenación, mientras que a Lenau la enfermedad mental lo sumió en el silencio.
Su inconcluso Don Juan se publicó en 1851. Sus Obras completas vieron la luz en 1855 por la editorial Cotta; Anastasius Grün fue el editor, y escribió la biografía del poeta incluida en la publicación. Poemas y textos de Lenau fueron musicalizados por grandes compositores como Robert Schumann, Felix Mendelssohn-Bartholdy, Franz Liszt, Hugo Wolf y Richard Strauss.
En 1964 se fundó en Stockerau la Sociedad Internacional Lenau, y en 1968 se inauguró allí el Archivo Internacional Lenau, convirtiendo a la ciudad en centro de investigaciones sobre el poeta. Hay un espacio dedicado a su memoria en el museo de Stockerau. Calles y escuelas llevan el nombre de Lenau en ciudades de Austria, Hungría, Alemania y Rumania, y le homenajean monumentos en Viena y en Esslingen.
Entre 1989 y 2004, por encargo de la Sociedad Internacional Lenau, apareció la edición crítica de sus obras y cartas en siete tomos (Werke und Briefe. Historisch-kritische Gesamtausgabe. Klett-Cotta, Deuticke, Österreichischer Bundesverlag; Stuttgart y Viena).
Los poetas y traductores cubanos Antonio y Francisco Sellén incluyeron poemas de Lenau en sus antologías Estudios poéticos (1863) y Ecos del Rin (1881). Comparto con los lectores la traducción realizada por Antonio Sellén del poema «Los tres gitanos» (es más bien una versión libre, de las que eran frecuentes por entonces y a las que se ha llamado «bellas infieles»), recogida por Francisco Díaz Solar en su libro Las letras alemanas en el siglo XIX cubano (Letras Cubanas, La Habana, 2004). Y para concluir, mi traducción del poema «La violeta y la mariposa».
Los tres gitanos
En la selva solitaria Y al expirar una tarde Hallé a mi paso tendidos, Reposando bajo un sauce, Tres gitanos, que aspiraban El aire libre del valle. A los postreros fulgores Que lanza el sol expirante Uno arrancaba del arpa Armonías celestiales; Otro fumaba risueño, Y en calma tranquila y grave Gozaba mirando el humo Por los aires dispersarse. El tercero dormitaba Bajo la sombra del sauce, Y su cìmbalo sonoro, Que pendía del ramaje, Lanzando dulces acordes Agitado por el aire, De misteriosas visiones Llenó su sueño inefable. ¡Ay! En aquellos gitanos Bajo sus míseros trajes, He hallado tres corazones Que ardientes y libres laten, Que jamás doblan la frente Al yugo de los pesares, Y a mi pecho han revelado Que si un destino implacable Hace surgir en mi alma Del dolor las tempestades, Contento cual ellos, pueda Ahogar la voz de mis males, Y salvar entre sonrisas Del mundo el mar insondable.
La violeta y la mariposa
Una violeta que estaba a la vera del arroyo, sin que la viesen enviaba en soplo primaveral por los aires suave aroma. Y sus alas agitando, se acerca una mariposa; buscando un breve descanso en la violeta se posa. La mariposa: ¡Cuán insensata es tu actitud, violeta, floreces escondida, a nadie alegras! La violeta: Aquí florezco y sí se regocija conmigo aquel pastor que muchas veces hasta mí viene y mi perfume aspira, y dice: «Nunca hallé flor como tú, violeta hermosa, en campos y praderas ¡ninguna se te puede comparar!». La mariposa: Pero es más bello, créeme, de veras Allá en el libre prado florecer, Entre las flores llenas de colores, Y no aquí en sombras y en oscuridad! La violeta: Aquí de mi pastor soy regocijo, Allá me hará palidecer el sol, Y entonces, sin aroma y sin color Muy pronto mi final encontraría. Mejor florezco aquí en la soledad Aunque uno solo en mí encuentre alegría.
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