
El Señor de los anillos, novela de fantasía épica publicada por primera vez el 29 de julio de 1954 es una de las obras más populares de Tolkien. La editorial Allen & Unwin la publicó entre 1954 y 1955, pero la traducción española no llegaría hasta 1978.
***
Frodo lo sacó del bolsillo del pantalón, donde lo guardaba enganchado a una cadena que le colgaba del cinturón. Lo soltó y se lo alcanzó lentamente al mago. El Anillo se hizo de pronto muy pesado, como si él mismo o Frodo no quisiesen que Gandalf lo tocara.
Gandalf lo sostuvo. Parecía de oro puro y sólido.
—Puedes ver alguna inscripción? —preguntó a Frodo.
—No —dijo Frodo—, no hay ninguna. Es completamente liso y no tiene rayas ni señales de uso.
—Bien, ¡entonces mira!
Ante la sorpresa y zozobra de Frodo el mago arrojó el Anillo al fuego. Frodo gritó y buscó las tenazas, pero Gandalf lo retuvo.
—¡Espera! —le ordenó con voz autoritaria, echando a Frodo una rápida mirada desde debajo de unas erizadas cejas.
No hubo en el Anillo ningún cambio aparente. Un momento después Gandalf se levantó, cerró los postigos y corrió las cortinas. La habitación se oscureció, se hizo un silencio y se oyó el ruido de las tijeras de Sam, ahora cerca de la ventana. El mago se quedó unos minutos mirando el fuego; luego se inclinó, sacó el Anillo con las tenazas, poniéndolo sobre la chimenea y en seguida lo tomó con los dedos. Frodo ahogó un grito.
—Está completamente frío —dijo Gandalf—. ¡Tómalo!
Frodo lo recibió con mano temblorosa; parecía más pesado y macizo que nunca.
—¡Álzalo! —ordenó Gandalf—, y míralo muy de cerca.
Frodo lo alzó y miró y vio líneas finas, más finas que los más finos rasgos de pluma y que corrían a lo largo del Anillo, en el interior y el exterior: líneas de fuego, como los caracteres de una fluida escritura. Brillaban con una penetrante intensidad, pero con una luz remota, que parecía venir de unas profundidades abismales.
—No puedo leer las letras ígneas —dijo Frodo con voz trémula.
—No —dijo Gandalf—, pero yo sí; son antiguos caracteres élficos. El idioma es el de Mordor, que no pronunciaré aquí. Esto es lo que dice en la lengua común, en una traducción bastante fiel.
«Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas».
Sólo dos versos de una estrofa muy conocida en la tradición élfica:
Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscur en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Gandalf hizo una pausa y luego dijo lentamente, con voz profunda: -Este es el Dueño de los Anillos, el Anillo Único que los gobierna. Este es el Anillo Único que el Señor Oscuro perdió en tiempos remotos, junto con parte de su poder. Lo desea terriblemente, pero es necesario que no lo consiga.
Frodo se sentó en silencio, inmóvil: el miedo parecía extender una mano enorme, como una vasta nube oscura que se levantaba en oriente y que ya iba a devorarlo.
—¡Este anillo! —farfulló—. ¿Cómo rayos vino a mí?
Sobre el autor
John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973), conocido en el mundo literario como J.R.R.Tolkien fue un destacado erudito de la lengua inglesa, especializado en inglés antiguo y medio. Otros de sus libros son El hobbit, Egidio el granjero de Ham, Las Aventuras de Tom Bombadil, Hoja de Niggle, El Herrero de Wootton Mayor y El Silmarillion.
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