
En la mañana viva o tan cerca hemos dormido, Premio «Guillermo Vidal» 2011, otorgado por la delegación provincial tunera de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), del poeta, escritor y periodista, Carlos L. Zamora Rodríguez, es el título de esa novela, publicada por Ediciones Unión.
El también licenciado en Filología por la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (mi querida e inolvidable Alma Mater) explora -con apoyo en los cuadrantes fundamentales en que se estructura la personalidad juvenil- el polémico tema de la identidad u orientación sexual y las decisiones personales adoptadas en aquellos entornos, caracterizados -básicamente- por intolerancia, incomprensión u hostilidad a todo aquello que se apartara de la «sacrosanta» heteronormatividad, que responde, ¡quién lo duda!, a los intereses de la «estandarización», establecida al respecto por la vigente programación sociocultural.
En dicha obra de la «literatura realista contemporánea», como la califica el maestro Emilio Comas Paret, uno de los precursores de esa manifestación literaria en nuestra geografía insular, el autor le entrega al lector una de las mejores novelas escritas en la mayor isla de las Antillas acerca de un tema tabú hasta hace poco tiempo —tanto en la literatura cubana como en los demás medios masivos de comunicación—: la identidad sexual y el desarraigo, la humillación y el desprecio por ser «diferente».
En la mañana viva…, la trama, así como la acción dramática, se desarrollan en Cuba y en la Península Ibérica. Al mismo tiempo, esa novela deviene un tratado de aprendizaje para el lector, pero alejado -años luz- del didactismo o de un discurso moralizante a ultranza.
Por otra parte, la sagacidad y profundidad en la caracterización psicológica de los personajes (protagónicos y secundarios), diseñados con mano maestra por el ilustre intelectual matancero, le imprimen a ese libro sólidos valores literarios, éticos, humanos y espirituales, muy superiores -sin duda alguna- a los que encontramos en textos que desarrollan similar línea temática, así como el lenguaje coloquial, claro, directo, sin ambages lingüísticos, que incluye —en su justa medida— las palabas malsonantes u obscenas, siempre y cuando estén condicionadas por las circunstancias y el clima emocional que las desencadena.
En las páginas de ese «pequeño gran libro», como estoy seguro lo definiría el multilaureado poeta y ensayista Cintio Vitier (1921-2009), el lector puede descubrir diferencias y afinidades en el turbulento mundo interior del adolescente y definiciones bien fundamentadas en la edad adulta, y respaldadas por una escritura, signada en lo esencial, por la precisión, exactitud y estructuración con base en el feed-back (alimentación y retroalimentación), así como en el tiempo presente, que el narrador yumurino describe y recrea en un contexto literario por excelencia.
En la mañana viva deviene una novela que «atrapa» al lector por su frescura, originalidad y hondura; recursos indispensables para comprender el inescrutable camino del reconocimiento de la orientación sexual, así como de las decisiones adoptadas en un contexto social, mediatizado por el machismo y la homofobia, herencia de épocas históricas pretéritas, y enraizada -«como la hidra a la pared»- en el componente instintivo del inconsciente freudiano.
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